Qué viva, España
En las mejores reacciones ante la victoria en el Mundial, que son casi todas, se distinguen dos patrones de conducta o dos polos de atracción. Están los que lamentan que España sólo se celebre a sí misma por razones deportivas y, por tanto, frívolas y efímeras. Y están los que se admiran de lo poco que hace falta para que aflore —vigoroso, juvenil, intergeneracional— un patriotismo alegre y expansivo. Se rasca un poco y aparece rutilante bajo la costra de tanta propaganda en contra.
¿Hace falta decir que yo juego en este último equipo? En este Mundial y en todos los campeonatos de la vida, incluso en las pachangas. Son dos actitudes vitales. Miremos un tablero de ajedrez como un test: hay quien lo ve negro, uf, negrísimo, aunque........
