Lunes, 30 de noviembre
Ya he pedido humildemente un respeto por los optimistas. Lo que no obsta para agradecer a los pesimistas que nos desplieguen una matriz de escenarios en la que todas las casillas auguren catástrofes. Así estamos atentísimos. Pero, como G. M. Hopkins, hay que alabar a Dios por la infinita variedad de la Creación, incluidos los caracteres humanos, tan complementarios. Gracias a la seriedad numantina del Supremo, parece que por ahora hemos esquivado el riesgo de la gatera de la ley de nietos. Permitámonos —Conde-Pumpido aparte— un poco de optimismo.
Nos hace mucha falta. No para recrearnos ni, mucho menos, para dormirnos. No sólo, como ya se ha dicho, para mantener los corazones altos. También para trabajar más, en cosas distintas e igual de necesarias. Hay que abrirse en abanico. La ventaja de pensar que el domingo 29 de noviembre España derrotará a Sánchez y a su caterva —independentistas, nacionalistas, exprófugos, amnistiados y exfiloterroristas— es que, sin estorbar el trabajo de la campaña que queda por delante, ya podemos ir pensando en los años posteriores.
Salvando las distancias, hay un precedente del máximo interés. En 1943, cuando todavía faltaban dos años durísimos para que........
