León entre leones
El discurso de León XIV en las Cortes era, a priori, dificilísimo. Tenía que sortear peligros y tentaciones de todo tipo. Y los sorteó todos. Es un texto que merece ser guardado y meditado, casi como un programa de acción política para los católicos contemporáneos.
Contaba mi admirado Mario Quintana que una vez quiso publicar en su periódico un folio y medio en blanco titulado naturalmente «Pereza». El director no captó la genialidad y el poeta brasileño tuvo que vencer la pereza y rellenar el folio y medio con todas sus letras. El cuerpo me pide ahora escribir un artículo titulado «Entusiasmo», poner un enlace al discurso de Su Santidad y rematar con un «amén». Seguro que Agustín Benito, director de esta casa, lo entendía, pero yo no quiero perder la ocasión de copiar y pegar algunas de las frases más inolvidables.
El Sumo Pontífice no ignoraba la trascendencia de la ocasión, como subrayó al citar el magnífico precedente de las palabras de Benedicto XVI en el Bundestag. Con gran inteligencia histórica dejó claro que sus palabras se encuadraban en la milenaria tensión entre los dos poderes, el espiritual y el temporal. Comenzó reconociendo la distinción entre la comunidad espiritual y la política, concediendo «la........
