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¿Quién se acuerda de Okin?

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05.03.2026

Pongamos que nos los tomamos en serio; tenemos que tomárnoslos en serio para entender dónde estamos y qué clase de conciencias hemos educado. ¿Qué es razonable pensar de aquellos cuya brújula moral solo funciona para los suyos? ¿Qué sucede cuando la indignación es selectiva, cuando el dolor ajeno es un mero instrumento? En estos días de guerra en Irán, mientras las bombas y los discursos cruzados vuelven a tensar el mundo, se visibiliza de nuevo la inconsistencia de quienes dicen hablar en nombre de la justicia pero sólo cuando sirve a su furor antiamericano.

A finales del siglo XX, la filósofa Susan Moller Okin formuló esta incómoda pregunta en su ensayo Is Multiculturalism Bad for Women? ¿Qué hacer cuando ciertas prácticas culturales, defendidas en nombre de la identidad o la tradición, vulneran la igualdad, la libertad y la dignidad femeninas? ¿Debe el Estado abstenerse para no parecer etnocéntrico? ¿O debe intervenir, aunque eso suponga limitar costumbres arraigadas? El desde entonces llamado «dilema de Okin» señalaba la tensión entre dos bienes que las democracias liberales valoran: el respeto al multiculturalismo y la defensa de los derechos de las mujeres.

No eran preguntas retóricas; tampoco es que las cuestiones se hayan superado, pues ya ve que seguimos a vueltas con el burka. Okin advertía que las culturas no son neutrales respecto al sexo; que quienes hablan en nombre de «la tradición» suelen ser, oh, casualidad, hombres; que proteger una cultura sin examinar sus asimetrías internas refuerza sus injusticias.........

© La Gaceta