Mujeres de Ceuta
Cuando se produce una catástrofe social, lo primero que cambia es el modo de expresar las reacciones. Las emociones encuentran su cauce natural en las palabras. Hay una especie de desinhibición que opera por contagio. Ante la evidencia de la debacle, la gente parece recobrarse de la comprensible ceguera que a todos nos producen los largos períodos de bonanza y, tras el choque con la realidad, no hay muro de contención que permanezca intacto.
Las lenguas se sueltan. Los tabúes que en épocas de tranquilidad blindan la integridad del poder dejan de tener vigencia. Se arremete contra quien ha incurrido en un delito flagrante de dejación, contra la podredumbre moral que ha hecho posible el abandono del pueblo, contra la perversión intelectual del enjambre de manipuladores que tratan de dirigir la responsabilidad del desastre hacia quienes están sufriendo sus consecuencias.
No es una voz aislada lo que se escucha, sino un clamor espontáneo, un alud de indignación que produce el mágico efecto de que hasta las conciencias habitualmente sedadas por el cloroformo de la........
