Algo que podríamos aprender de Japón
Cuando consideramos el caso de España tendemos a ponerlo en comparación con eso que llamamos los países de nuestro entorno. Miramos a Francia o a Italia y, según les va a ellos, así oscila el termómetro de nuestra desazón. En las naciones que se enfrentan a problemas similares a los nuestros vemos un reflejo de lo que nos sucede a nosotros y, en ciertos aspectos, vislumbramos una confirmación de nuestras peores expectativas.
Pero este modo de proceder no supone más que un triste consuelo. A fin de cuentas, el hecho de que los problemas sean de naturaleza parecida implica, de manera casi fatal, que los modos de paliarlos no difieran demasiado. Ello se debe a que hace tiempo que los países que conforman la Unión Europea entregaron buena parte de sus respectivas soberanías a una estructura de poder con sede oficial en Bruselas, pero a todos los efectos situada a años luz de distancia de los asuntos que preocupan a la gente.
Nada de esto es nuevo. Ya conocemos la portentosa tenacidad con que desde el conglomerado tecnocrático de Bruselas se trabaja en el desmantelamiento de nuestras sociedades. De modo que quizá la inspiración para que Europa empiece a salir de la crítica tesitura en la que se encuentra haya que buscarla fuera del continente, y, más en concreto, allí donde, en mitad de un sinfín de conflictos,........
