Esa extraña pulsión de muerte
El sucio secreto de la izquierda clásica es que nunca fue de la defensa del proletariado. La doctrina no surgió de las masas trabajadoras, sino de los salones de las clases ociosas, primero en la Ilustración y, en su expresión más generalizada, del gabinete de un burguesito especialmente manirroto y gorrón, Karl Marx.
Lenin fue un paso más allá y admitió que la revolución espontánea que Marx profetizaba ‘científicamente’ nunca tendría lugar, y que esa misión quedaba en manos de una ‘vanguardia revolucionaria’ que se apresuró a encarnar él mismo.
Pero como todo es susceptible de empeorar, la izquierda lo hizo, y hoy es fundamentalmente un problema mental, una forma extrema de endofobia, de odio de lo propio, que a veces ni siquiera disimula que su verdadero grito de guerra el es el viejo: «¡Muera........
