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¿Por qué vamos a colapsar?. Una explicación integrada

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28.02.2026

El resumen sencillo lo proporciona el trabajo de recalibración de los escenarios del informe “Límites del crecimiento” reportado por Nebel & otros.

“El consumo excesivo de recursos por parte de la industria y la agricultura industrial para alimentar a una población mundial en crecimiento está agotando las reservas hasta el punto en que el sistema ya no es sostenible”.

Otro trabajo publicado en el substack de Bardi, lleva a conclusiones parecidas.

Ahora es preciso revisar esa afirmación para explicar mejor el grado de agotamiento y como afecta al sistema económico-energético.

Todos aquellos que han criticado el peak oil y las predicciones de descenso en la producción de petróleo, deben dejar de lado sus prejuicios y atender exclusivamente a los datos.

Todos conocemos la teoría del peak oil. Hubbert nos puso en antecedentes hace muchos años y es evidente que en algún momento, la producción de petróleo alcanzará un máximo y después de una meseta más o menos larga, comenzará a declinar.

La idea de trasladar el pico de los descubrimientos (con 40 años de retraso) al pico de producción es razonable.

El pico promedio se alcanzó en los años 60, por lo que el pico de producción debería haberse alcanzado en torno a 2005.

Naturalmente este gráfico no contiene el petróleo no convencional (crudo extrapesado y shale oil), por lo que si quitamos este tipo de petróleo, podemos ver como quedaría aproximadamente, la producción mundial sin las arenas asfálticas de Canadá y el shale oil USA.

Parece claro que en 2005, la extracción dejó de crecer y desde entonces estamos en una meseta con leve tendencia a la baja y un pico relativo en 2016.

Si añadimos el shale oil USA y el bitumen canadiense, la producción queda así.

Para saber como continuará la producción mundial en los próximos años, debemos hacer una reflexión matemática.

La producción futura es la suma de la adición de nuevos proyectos menos el declive observado. Según IEA, que ha revisado decenas de miles de campos, el declive es del 5,6%, distribuido en esta tabla.

Por lo tanto, para compensar esta caída continuada, año tras año, debemos sumar nueva producción.

También tenemos una tabla que muestra esos nuevos proyectos.

Bien, aquí podemos trabajar sobre como estamos incrementando la producción estableciendo varios apartados.

a). Nuevos proyectos.

Queda por desarrollar hasta 2030, el presal de Brasil y gran parte de Guyana, con algunos proyectos menores en el Golfo de México (además pequeños campos de Noruega, Angola, Nigeria, Surinam, Uganda, Canadá y México, que apenas suman 1 millón de b/d entre todos).

b) Ampliaciones de grandes campos.

Sobre todo de Arabia Saudí y EAU y los condensados de Qatar.

Hasta ahora, el mayor motor ha sido la parte USA, sobre todo la cuenca Pérmica. Desde EIA ya nos advierten que esto se ha terminado, con un pequeño descenso desde este mismo 2026.

La parte argentina apenas puede aumentar cada año 100.000 b/d.

El resto está por desarrollar a muy largo plazo y con cantidades muy pequeñas. Para tener en cuenta esta parte, hay que decir que Vaca Muerta en Argentina era la mejor opción para desarrollar fuera de USA-Canadá. Pues bien , comenzó en serio en 2013 (antes solo pruebas piloto) y en 2026 (es decir trece años después) solo produce 600.000 b/d. Cualquier aportación de shale oil en otras partes del mundo, implica crear primero las infraestructuras y luego el lento desarrollo, lo que nos induce a pensar que la aportación de nuevos shale oil, será prácticamente despreciable en la próxima década.

d). Venezuela, Libia, Irán, Iraq, Canadá, Namibia

Estos países podrán aumentar la producción en el futuro, pero cada uno tiene sus propios problemas.

Venezuela. Parece fácil un incremento de 300.000-400.000 b/d con un aumento posterior hasta 1 millón de b/d. Más allá dependerá de la inversión y en todo caso estamos hablando de una década, lo que nos deja con muchas incertidumbres.

Libia. Se ha celebrado la ronda de adjudicaciones y ha sido un fracaso. No parece que las condiciones permitan incrementar la producción.

Iraq-Irán. La presión de los campos está cayendo y necesitan inyectar agua para presurizar los campos y aumentar la producción, pero es algo muy caro y complejo. El agua potable usada para aumentar la presión está agotando los humedales de Iraq y todos conocemos los problemas de Irán.

Canadá. Está limitada por la salida de la producción. Sin nuevos oleoductos, apenas podrá incrementar su producción. Y la aprobación lleva muchos años, más la parte de construcción, por lo que no se espera un aumento notable (quizás 500.000 b/d de aquí a 2030).

Namibia. Se han hecho diferentes descubrimientos, pero están en fase de análisis y sin aprobación todavía. En todo caso, tardarán más de diez años en producir una cantidad de crudo relevante.

El problema no son las reservas pendientes (no voy a entrar a discutir si son muchas o pocas), sino la capacidad de trasladar esas reservas a producción. Y como estamos viendo, queda muy poco hasta 2030 y prácticamente nada después de 2030.

La culpa es la ausencia casi total de nuevos descubrimientos en la última década (ni gas ni petróleo).

Puesto que la tasa de declive observada alcanza casi el 6% anual, necesitamos 5 millones de b/d de nueva producción y no tenemos apenas nada después de 2030, por lo que el descenso en la producción no es un misterio, sino algo puramente matemático. Si restamos pero no sumamos , la producción se hundirá con rapidez.

La capacidad excedente que IEA atribuye a la Opep es 4-5 millones de b/d, pero recientes investigaciones, apuntan a una capacidad reducida entre 1-1,5 millones b/d nada más.

Es decir, después del ciclo inversor en Brasil, Guyana, Golfo de México, una vez concluidas todas las macroampliaciones de campos en Oriente Medio y viendo el declive del shale oil USA, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la producción de petróleo va a descender con fuerza en la década de 2030-2040.

b) La transición energética y el cobre.

Por un lado, se siguen batiendo récord de instalación de nuevas renovables, solo para observar que todas las fuentes energéticas siguen aumentando su demanda. No estamos ante una transición, sino ante una expansión energética, donde la demanda de energía crece, forzando a incrementar la producción de energía. Pero si las renovables y la electrificación no han logrado reducir la demanda de gas y petróleo (con la IEA advirtiendo que esta demanda seguirá aumentando incluso después de 2030), seguimos dependiendo de los fósiles.

La transición a la electrificación del sistema depende de un elemento vital, el cobre. Y aquí tenemos el mismo problema que en el caso del petróleo. IEA avisa que en 2035, el déficit de cobre se acercará al 30%. La dificultad en aumentar la producción proviene también de la escasez de nuevos descubrimientos. La concentración minera no deja de disminuir , exigiendo costes más altos y más energía para extraer una unidad de material.

Por lo tanto, la transición no está sustituyendo la demanda de petróleo y si incrementamos la inversión para compensar el desfase, nos encontramos con un enorme cuello de botella en la extracción de cobre, que limita el crecimiento eléctrico.

c). La deuda mundial.

El crecimiento mundial es anémico. Para intentar aumentar el ritmo, se plantean diversas opciones que tienen en la inversión su centro de operaciones. La deuda en 2025 se ha salido de su cauce habitual y ha entrado en un crecimiento exponencial que amenaza con destruir la confianza en el sistema.

Hay que invertir en IA (más los centros de datos), en la transición energética, en el crecimiento desproporcionado de los gastos en armamento-defensa, en la extracción de todo tipo de recursos para evitar la dependencia de China, en el mantenimiento del estado de bienestar occidental, justo cuando la demografía se vuelve muy peligrosa (pocos cotizantes y muchos perceptores de rentas que además viven más tiempo), la robótica (sustituir trabajadores en gran escala es un doble peligro, crea paro remunerado y aumenta el consumo), la computación cuántica y la invasión de satélites en el espacio.

La suma es muy onerosa, pero si además partimos de una base demasiado elevada, entramos en el ciclo de la Reina Roja. Deberán emitir ingentes cantidades de deuda para invertir, pero además hay que pagar los intereses de la deuda, con lo que la propia deuda inicia una escalada exponencial para pagar esos intereses, entrando en un círculo vicioso.

Justo en el momento en que la confianza en el sistema fiduciario se encuentra en problemas que se reflejan en la cotización del oro, tenemos que disparar el crecimiento de la deuda, para atender todos los pagos e inversiones. Si la expansión monetaria continua al ritmo de 2025, solo es cuestión de tiempo asistir a una devaluación masiva, por exceso de nuevas unidades monetarias, poniendo en peligro el sistema fiduciario mundial.

Y si a este panorama poco favorable, le unimos la escasez de materias primas importantes, podemos pensar en la aparición de una incipiente inflación, que presione sobre los tipos de interés y por lo tanto, sobre los gastos financieros (que ya son muy elevados). El espectacular giro en la tendencia de los tipos de interés es la espada de Damocles que pende sobre el crecimiento económico, amenazando con destruir el sistema, al elevar los gastos financieros en vertical.

El peligro de un colapso del sistema ya es muy alto, sin necesidad de especular con otras opciones, pero si sumamos la escasez de materias primas, las guerras en curso y el conflicto comercial con China, podemos asegurar que las tensiones crecientes pueden provocar una grave crisis en el sistema.

Para complicar las cosas todavía más, el exceso de deuda ha generado una amplia liquidez que alimenta varias burbujas. La explosión de alguna de ellas, es otro factor de riesgo puesto que actuaría como detonante de una crisis económica.

Una muestra del “miedo” que tienen los BC, es la anticipación de la nueva emisión monetaria. El BCE acaba de anunciar más rondas de liquidez.

La FED lleva cinco semanas comprando deuda pública, después de reducir el balance durante varios años, mientras USA sigue endeudándose.

El sistema ya está roto, pero la inercia nos hace tener la sensación de que está todo bajo control.

“A ello se suma el informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso, que estima un déficit del 8% en 2026 y del 6% durante la próxima década.

Además, Bank of America prevé que la deuda pública aumente de 40 a 64 billones de dólares en los próximos diez años. Pero es que además la deuda per cápita sigue una tendencia claramente acelerada.”

Y no solo es una idea peregrina de EE.UU.

China y Europa están acelerando en la velocidad de incremento de la deuda.

d) Las cadenas de suministro.

La pretensión de la administración Trump de volver a una autarquía moderada, relocalizando las fábricas e intentando una independencia de los recursos, compromete las actuales cadenas de suministro.

La complejidad del sistema implica que para fabricar un aparato sencillo, se necesita mantener en funcionamiento, múltiples empresas en diversas partes del mundo, donde cada una construye una determinada pieza. Si además pensamos en la industria de los chips y semiconductores, hay que ser consciente que los miles de millones de inversión no se pueden duplicar de la noche a la mañana, ni la autosuficiencia de materiales, ni duplicar la capacidad de refino de materias primas, ni la formación de nuevos trabajadores (lleva mucho tiempo).

El intento de independencia está condenado al fracaso y la posibilidad de un colapso comercial e industrial no es despreciable.

Y una consecuencia natural del intento de ser autosuficiente es la lucha por los recursos. Las guerras es la siguiente componente en este puzzle diabólico. Para los países que no tienen petróleo, cobre, plata , elementos de tierras raras, etc, un intento de romper el comercio internacional como ya estamos experimentando, con los aranceles y sanciones USA, es sinónimo de activar un plan para conseguir superar las deficiencias en cualquier materia prima escasa y necesaria. Y el plan pasa por lograr acceder a esos recursos mediante negociación o si no es posible, mediante el uso de la fuerza.

No obstante, China ha conseguido una forma moderna de ventaja estratégica: imponerse en la cadena de suministro compleja de elementos químicos críticos, lo que le da poder político y económico frente a Estados Unidos sin recurrir a un conflicto convencional. Romper esa hegemonía es una cuestión fundamental para EE.UU. y está por ver como lo consiguen …

Integrar todos los puntos comentados nos señala una altísima probabilidad de un colapso en los próximos años. Puede venir por cada uno de los apartados, pero lo más lógico es intentar estirar el sistema hasta que ceda por su eslabón más débil.

No podemos aumentar los recursos necesarios para seguir creciendo, por agotamiento geológico o por incapacidad de extraerlos al ritmo deseado por falta de combustibles o por precios desorbitados que nos instalen en una crisis económica por inflación, con una expansión monetaria que conduce a la hiperinflación. Y el intento de autosuficiencia, conduce a los conflictos (como ya estamos viendo).

La existencia de dos bloques (Occidente-Brics) induce a pensar en una ruptura de las cadenas de suministro y como anticipo, ya estamos viendo un adelanto de la posible desintegración de la OTAN, al existir diferentes intenciones en cada una de las partes. Europa acaba de darse cuenta que EE.UU. ya no es un aliado fiable y la lucha por los recursos se puede extender al resto del mundo, cuando cada parte intente conseguirlos por las buenas o por las malas. Mientras ha existido abundancia, el crecimiento ha permitido acuerdos comerciales favorables a todos, pero la escasez que se atisba en el horizonte, permite adivinar una serie de escaramuzas persistentes para conseguir los objetivos.

Da lo mismo, no se pueden romper las cadenas de suministro diseñadas durante décadas, porque el sistema ha alcanzado una complejidad que requiere el mantenimiento de esas cadenas. La ley de Liebig es insalvable y aunque el porcentaje de éxito alcance un nivel elevado, siempre habrá nicho de mercado inalcanzables, lo que sugiere un colapso sistémico.

Al final, la razón de la crisis será irrelevante, porque no podemos resolver todos los problemas al mismo tiempo. Hemos ganado tiempo con la expansión monetaria, pero el límite de los recursos es ya insalvable. Y no hablamos de una sola materia prima, la escasez va a extenderse en los próximos años a materias primas vitales.

El ejemplo lo tenemos en la plata, con un déficit permanente, ya en el sexto año consecutivo y solo es el principio.

La reiterada secuencia de pequeñas crisis que experimentamos desde finales de 2019 no es una casualidad, es el preludio de la gran crisis. Hemos tapado cada grieta producida en el sistema, pero el evidente cambio en la política USA, nos advierte que ya no es factible seguir con este plan.

Entramos en la era de los guerreros …

Un último punto a tratar son las retroalimentaciones positivas.

La escasez de petróleo tiene influencia en la extracción de materias primas. Y afecta a todo el transporte. En la medida que el déficit se vuelva permanente, cada sector se verá afectado y aunque se intente priorizar, la conexión en la economía actual, terminará por afectar a todo el mundo. No podemos intentar soluciones tipo, reducción del turismo, porque millones de personas y miles de empresas quebrarían. Esas quiebras implica más paro y por lo tanto meno consumo de todo, por lo que al cabo de un tiempo, el fabricante de productos de limpieza vería caer las ventas, aunque no tuviera problemas de abastecimiento.

Lo mismo para los que piensan en un decrecimiento controlado. El sistema capitalista está diseñado para el crecimiento perpetuo, por lo que el descenso en las ventas causa reducción de márgenes e imposibilidad de pagar las deudas con mas ajustes salariales y más paro, formando un círculo vicioso que siempre termina en menos consumo de todo, aunque inicialmente el ajuste solo sea de un sector concreto.

Pensar en un compromiso mundial, para centralizar el decrecimiento es evidentemente imposible. Y si unos países quieren decrecer voluntariamente y otros no, los segundos consumirían todo, al no tener límites, lo que hace inviable un decrecimiento organizado, sin unanimidad mundial.

Por otro lado, las quiebras de determinados países menos preparados, afecta al consumo mundial vía importaciones y exportaciones. Si quiebra todo el mundo menos China, ¿a quién van a vender sus mercancías?

Ningún país del mundo es tan autosuficiente como para mantener el sistema actual.

PD. Aunque llevo hablando de este tema mucho años e incluso escribí un libro en 2017 (La gran crisis de 2020. El cenit de la civilización) , para visualizar el descenso a los infiernos, recientemente hay otra propuesta similar que es justo destacar.

Aconsejo su lectura, porque aporta más matices todavía, incorporando los problemas medioambientales.

https://un-denial.com/2025/11/30/the-cactus-lens-a-clearer-view/

Fuente original (20-2-2026) incorporando los comentarios https://rayonegro.substack.com/p/por-que-vamos-a-colapsar-una-explicacion .


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