¿Por qué, por qué, por qué?
Que hoy existe un conflicto generacional en casi toda Europa, no es afirmar ninguna novedad. La generación anterior, a la que pertenecemos los setentañeros, y gracias a los esfuerzos de nuestros padres, pudimos realizar nuestras aspiraciones: tener unos estudios o unos oficios bien remunerados, formar una familia, comprarnos una vivienda que pagamos con mucho esfuerzo, un automóvil. En una palabra, progresamos. Y políticamente nos imbuimos de las ideologías progresistas, puesto que con sus idearios y propuestas pudieron ser cumplidos nuestros sueños. Y ya en una edad provecta, disfrutamos de una pensión que nos permite vivir, sin demasiados lujos, pero dignamente.
¿Qué pasa hoy en día y desde hace ya demasiado tiempo? Pues que el capitalismo “ha puesto la directa” y la resistencia que han opuesto contra él desde la política ha sido absolutamente insuficiente. Esa frase repugnante de “colaboración público privada” ha servido para que los fondos de inversión, multinacionales de la sanidad, industriales, energéticas, de transporte etc. se hayan apoderado del sistema productivo y de servicios poniendo punto final al progresismo. Aunque se empeñen en afirmar lo contrario.
El panorama de derechos llamados constitucionales es desolador: listas de espera interminables en la sanidad para propiciar contrataciones a mutuas que encarecen sus servicios en aras a una voracidad para alcanzar beneficios sobre los cuales HACIENDA se limita a cobrarles por ley un 5%.........
