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¿Es posible una economía del bien común?

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26.02.2026

En un tiempo pareció que la dicotomía capitalismo-comunismo allá por el año 1989 podría cambiarse por un sistema económico diferente. Anteriormente sólo se había tenido en cuenta la “razón de la fuerza” – el aforismo latino de “si vis pacem, para bellum”, pero aún hoy prevalece, o por lo menos estos mandatarios europeos nos lo quieren hacer creer presionando para que el gasto militar sea exageradamente elevado. Los productores de armamento, aquellos que cada vez procuran una mayor capacidad de dominio, de imposición, han advertido a los poderosos que para que su continuidad y su expansión continúe lo único que importa es la potencia de sus ejércitos.

En un tiempo pretérito se hicieron esfuerzos para hacer posible una transición de la razón de la fuerza a la fuerza de la razón: se creó la Sociedad de Naciones y de la Corte internacional de Justicia. El partido republicano- ese mismo partido que ha puesto al actual presidente- consideró que no era función del presidente convertirse en el adalid de la paz a escala mundial, sino asegurar la hegemonía mundial de los Estados Unidos.

Posterior a la 2ª Guerra mundial Franklin D. Roosevelt tomó unas medidas extraordinariamente loables: el plan Marshall, para la rehabilitación humana y asistencia a los vencidos; se creó el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y una serie de instituciones multilaterales que forman el gran sistema alrededor de la ONU: LA FAO, LA UNESCO, LA OMS, LA OIT, UNICEF y PNUD (programa de naciones unidas para el desarrollo.

La clave fue siempre la cooperación: compartir sería la clave para el desarrollo (co-operare=trabajar juntos) para procurar una vida digna entre los países de nuestra Tierra. Al poco tiempo la cooperación se convirtió en explotación; las ayudas, en préstamos en condiciones draconianas para mantener la supremacía de la carrera armamentística con la Unión Soviética.

En 1989 todo clamaba paz. El sistema basado en la igualdad se había olvidado de la libertad y se desmoronó, como símbolo que lo proclamó “El muro de Berlín”. Los países de la Unión Soviética iniciaron un camino hacia la independencia y al establecimiento de un régimen de libertades públicas. Gorbachov introdujo cambios radicales y otro planteamiento de la economía a escala mundial que permitió iniciar la reducción de las profundas brechas sociales y que equilibraron, en parte, las asimetrías entre opulencia y la pobreza extrema.

Pronto el objetivo de cooperación se vio roto. Reagan y la inglesa Margaret Thatcher en lugar de seguir con las transformaciones que, basadas en la libertad, se habían olvidado de la igualdad, decidieron afianzar un “neoliberalismo globalizador”, para garantizar sus ambiciones de preponderancia a escala mundial.

Se cambiaron los valores éticos –principios democráticos por valores de mercado-. En resumen la democracia a escala mundial fue sustituida por la plutocracia, pretendiendo que unos pocos países determinaran el destino común. Transcurridos ya unos años, demasiados, el balance es aterrador: la muerte por hambre –entre 20.000 a 40.000 personas, mayormente niños y niñas de uno a cinco años mueren; pero la inversión en armamento es de 3.000 millones de dólares diarios.

Europa debe dejar de considerar este “genocidio” cotidiano no como un “efecto colateral” del sistema económico basado en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra, transformando el sistema con urgencia en una economía basada en el conocimiento que permita un desarrollo sostenible y humano a escala global.

Frente a Trump es apremiante la refundación de unas Naciones Unidas, dotada de los recursos necesarios, técnicos, financieros adecuados porque poseen la autoridad moral, real y necesaria para hacer frente a la actual situación a la que nos ha avocado en Neoliberalismo.

Estas prioridades ya hace mucho tiempo que fueron establecidas y son: alimentación: –agricultura acuicultura y biotecnología- acceso al agua potable : -embalses, gestión, desalinización-; servicios de salud de calidad; cuidado del medio ambiente – interviniendo en los procesos potencialmente irreversible; educación para todos a lo largo de la vida; convivencia pacífica.

Hoy, gracias a la tecnología digital, todos los pueblos han dejado de ser invisibles; pueden expresarse libremente y dar a conocer la realidad su mundo, del mismo modo se ha ensanchado el concepto de conciencia individual por la conciencia global que es la que debe orientar nuestro pensamiento y comportamiento. No puede olvidarse que dentro de esta conciencia global la piedra angular de la era que debe surgir es la igualdad de la mujer, excluida y discriminada desde siempre y que ahora, ahora sí y con las virtudes que le son inherentes debe alcanzar la paridad adecuada en la toma de decisiones.

Cuando se pregonó que Occidente había alcanzado la sociedad de bienestar, se debiera notificar que sólo alcanzó al 20% de la humanidad, que vive en barrio próspero de la aldea global. El otro 80% es un almacén progresivo de precariedad con tal pobreza extrema que llega hasta la inanición y la muerte.

Un escritor español escribió: “Todo es según del color con que se mira”. Mario Benedetti corrigió el concepto afirmando que:” Todo depende del dolor con que se mira”. No se trata de colores ni de tonos. Se trata de una igual dignidad de todos los seres humanos.

Vivir la utopía es combatir la desigualdad, denunciar públicamente los abusos económicos, policiales, comerciales, el racismo, la pobreza y la explotación. Es un cambio radical del “yo” por el “nosotros”. Es el cambio de la razón, de la palabra, del diálogo en lugar de la fuerza.

Prudenci Vidal Marcos

Profesor de Filosofía


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