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Los incendios no dan tregua. ¿ Por qué?

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Cada año, por no decir ahora mismo, en España y en otros países europeos, arden cientos de miles de hectáreas de bosques, o son talados millones de árboles sin consideración alguna. Tal cosa constituye una enorme sangría de vida que contribuye enormemente al caos ecológico en que estamos inmersos sin posibilidad de vuelta atrás, porque la velocidad con que se reponen tan solo algunos de estos bosques es muy inferior a la que desaparece el resto, sin contar el tiempo que se precisa para conseguir un árbol adulto como el que desapareció. Y ante cada incendio, se produce una tremenda catástrofe económica y social para quienes viven en el medio destruido (desde los indios amazónicos a quienes viven en cualquier aldea española próxima a un bosque incendiado), y los que contemplamos las llamas desde lejos asombrados, consternados y enfadados nos hacemos preguntas inevitablemente y pensamos en cómo se puede acabar con esta barbarie.

Las manos que mecen la cerilla…

¿Quiénes son los que con absoluta impunidad queman los bosques? ¿Qué podemos decir de individuos capaces de atentar de tal modo contra el mundo vegetal, contra los animales que en él habitan y contra las personas que viven en ese medio, que por este orden se ven acosadas por el fuego? ¿Son enfermos mentales, terroristas ecológicos, -ecocriminales-, o sencillamente criminales de la peor especie quienes provocan estos fuegos fatales que arrasan en pocas horas lo quye la madre Naturaleza tarda hasta siglos en constuir. ¿ No es esto un crimen a gran escala? ¿ No es digno de ser considerado un delito de gravedad semejante a la de cualquier crimen? Sin embargo, la llamada » Justicia» no parece tener tanto empeño en ponerlo en perseguirlo como en hacerlo con el origen de unass joyas o de una filtración de datos siempre que esa investigación ayude a colocar en algún sillón de poder, ¿ a quién? Justo en quienes piensan. Pero ay, resulta que esos a quienes se pretende ayudar son precisamente aquellos que suelen ser responsables de la falta de medios técnicos y de personal para hacer frente al fuego en las Autonomías que gobiernan. El pez se muerde la cola, que en este caso arde ante nuestros ojos asombrados y asustados.

Es verdad que el fuego que arrasa literalmente la vida de los campos y amenaza la de todos sus habitantes puede tener su origen en un rayo o en esa botella de........

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