Cuba; nueva Gaza a la vista
EE.UU. desde su presidencia está desplegando su política constrictor contra Cuba (entre otros muchos objetivos, igual y paralelamente tratados).
Es significativo el in crescendo que Trump está aplicando contra Cuba. Llamativo paralelismo con el que Israel aplicara ─y sigue aplicando─ contra Gaza en particular y Palestina en general. En ambos casos, el despojador se siente con títulos históricos para esas apropiaciones. Porque la maldad siempre se viste de bondades y todo supremacismo, de mano tendida.
Tanto el comportamiento autócrata de Trump desde la presidencia estadounidense ─lograda con el apoyo, aquiescencia o complicidad de manada de parte de la población estadounidense─ como el de la autocracia sionista ─exclusivismo racial y racista que usa como coartada el mandato divino─ han ido brutalizando sus procederes para asentar sus respectivos dominios.1
Lo que ha pasado en los últimos tres años en la Franja de Gaza, y cada vez más corriéndose hacia el resto del territorio palestino, ha constituido un genocidio de manual ─que gracias a la inmediatez mediática y otros factores contemporáneos cuenta con mejor documentación que otros genocidios ─como el de judíos a manos de nazis durante la IIGM o el de armenios, durante la IGM en la Gran Turquía─, genocidio que por cierto no ha acabado sino que está en proceso, combinando ahora muerte y desarraigo. Dos modalidades parciales y complementarias para la limpieza de la tierra que los sionistas entienden sagrada y propia, indisputadamente propia, entregada ¡oh maravilla! por alguna entidad que deberíamos intuir o colegir como superior. Tal operación no es una transferencia cualquiera; es lo que los judíos religiosos sionistas llaman una “redención” de ese suelo.
Dos comienzos: 1945 y 1948
Occidente ha devenido la bandera ideológica de EE.UU. En ese sentido, lo oriental podría ser su par opositor, dado el gusto manifiesto de la cultura de EE.UU., modelado sobre purismos protestantes, por el enfrentamiento “al mal”, y de autopresentarse consiguientemente como “los buenos”, y de ese modo, el fundamental y removedor análisis de Edward Said, Orientalismo, constituye un cabal análisis de los horrores generados por el AWOL (American Way of Life; el estilo de vida de los EE.UU.), que ha resultado demasiado a menudo la “forma estadounidense de muerte” para tantos “otros”.
El AWOL no es sino la representación de “lo occidental” como civilización, lo que representa más cabalmente al progreso, la última edición, en suma, de Occidente, universalizado a partir de 1945. Y con la instauración, en 1948, de un estado puro, una sociedad de diseño, una ingeniería social con base bíblica ─valga la hibridez de tamaña confluencia─, amparada en lo que la poco confiable IHRA define como “el genocidio” por antonomasia; el estado judío de Israel. Convivimos así con dos supremacías casi simultáneas ─1945, 1948─, que a la larga han confluido en un único dominio.
Errores militares sucesivos de EE.UU. posteriores a la IIGM nos podrían dar una pista de esa asociación. Y el desplazamiento de la élite WASP dentro de EE.UU. por la judía (perceptible al menos desde la década de los ’30 del siglo xx), también.
EE.Uu.: gigante con pies de barro
Iniciando la década de los ’90 todos vimos claramente caer un gigante con pies de barro; la URSS.
Y todos pensamos, entonces, en el triunfo de su, a esa altura tradicional, oponente. Incluso en una........
