Nativa o extranjera, la misma clase obrera
Mikel Castrillo Urrejola
Es necesario denunciar la hipocresía del capitalismo y de su muleta, la ultraderecha y el fascismo, pues, por un lado, criminalizan a los inmigrantes, y por otro lado los utilizan para realizar trabajos en régimen de semi esclavitud. Esto se está viviendo en muchos sectores, pero, probablemente, en las labores del campo, sencillamente es escandaloso, y lo que está claro que el inmigrante es víctima y no responsable. En la actualidad, los inmigrantes se han convertido en los esclavos del siglo XXI, por eso no podemos cargar sobre ellos la culpa de todo este problema. Parece que no se quiere ver que son las víctimas.
Todavía no son las siete de la mañana de un día cualquiera del mes de julio, el nuevo día saluda con los primeros rayos de sol, y presagia que va a ser otro día de calor insoportable. Me dirijo con paso rápido hacia la parada del autobús que me llevará a mi trabajo. Mientras espero la llegada del colectivo, observo la construcción de un bloque de viviendas que hay frente a donde me encuentro situado. Se observa movimiento en la obra, muchos trabajadores están en plena faena, otros se empiezan a incorporar a sus puestos de trabajo. No me cabe duda, hoy van a pasar una jornada laboral extremadamente dura, el calor va a hacer estragos, pero lo que aún es peor, la previsión no es nada halagüeña, y se espera que esta situación se va a prolongar más de lo previsto.
No es la primera vez que, haciendo tiempo en la parada del autobús, suelo contemplar la construcción de esa torre de viviendas. En ese transcurrir de los días, observo los diferentes oficios que se hayan presentes en ella; la inmensa mayoría de los trabajadores son inmigrantes de diferentes continentes, donde abundan trabajadores africanos y latinoamericanos. Allí se les ve, cada uno desempeñando su labor en el tajo. Recuerdo los meses de invierno, cuando a esa hora era de noche, y llegaban todos abrigados hasta las orejas; seguro que en sus lugares de origen nunca habían soportado temperaturas tan bajas.
Al poco tiempo de haber llegado a la parada, como todas las mañanas, se aproxima una señora, y educadamente nos saludamos, dándonos los buenos días; nos conocemos de realizar el mismo trayecto; viene ataviada con su pañuelo en la cabeza, por lo que supongo que procede de algún lugar donde la utilización de esa prenda tiene un componente cultural y/o religioso. Se dirige a su trabajo, con su habitual puntualidad.
Entro en el autobús y en la siguiente parada se sube una madre con un par de niños pequeños. Se le ve que va algo apurada. Su acento cuando habla a sus críos no me deja atisbo de duda, y me hace pensar que viene de alguna isla del Caribe. Pasadas unas paradas, se bajan como una exhalación frente a un campamento urbano para niños. No me cabe la menor duda, que esa ha sido una escala técnica en el camino hacía su trabajo.
Termino mi jornada laboral y me dirijo a lo más céntrico y castizo de Madrid. Me estoy refiriendo a la zona de Tirso de Molina, El Rastro y Lavapiés. Cuando salgo del metro me encuentro ese ir y venir de personas en uno de los barrios donde la diversidad multicultural es su seña de identidad. Personas que en su inmensa mayoría son la flor y nata de la juventud de sus países de origen, y que han recorrido miles de kilómetros en busca de una vida mejor; estos no han venido en busca de una........
