Periodismo y corrupción
No se corrompe lo mediocre. Se corrompe lo excelso, lo que consideramos a priori, por definición, digno de confianza. Sin embargo, así como admitimos de antemano la posible corrupción de políticos, concejales, comerciantes, abogados, notarios o policías, por la propia naturaleza de sus actividades, nos resulta mucho más difícil aceptar la de un juez o un periodista. Hasta que conocemos uno o varios casos, tendemos a pensar que ni la justicia ni el periodismo se prestan fácilmente a la corrupción. Presumíamos, como en otro tiempo presumíamos de la Iglesia católica y de sus sacerdotes, que esas instituciones y quienes las ejercen eran, por principio, impecables.
Sin embargo, desde el régimen democrático establecido en España en 1978 y, sobre todo, durante la última década, por presuntas razones políticas, la corrupción ha penetrado, a mi juicio, también en la justicia y en el periodismo, y lo hace descaradamente a la fácil vista de todos.
La corrupción se está convirtiendo así en un comportamiento que invierte la presunción. Es decir, ya no se presume la honestidad de cualquier actividad hasta que se demuestre lo contrario: empieza a presumirse la corrupción hasta que persista la normalidad. Y eso es una verdadera degradación social.
En España, en este periodo de su historia, ninguna actividad........
