España, una nación desvertebrada
He bebido en las fuentes de José Ortega y Gasset desde edad muy temprana. España invertebrada fue para mí una obra de cabecera mientras desfilaban, a lo largo de los años, todos los fenómenos sociales y de psicología colectiva durante la dictadura. También después, a partir de la construcción en falso de los cimientos del nuevo régimen en 1978.
Sin embargo, creo que algunas ideas de Ortega —no la de los “errores y abusos políticos”, que le parecen poco interesantes y a cuyo peso en la patología nacional resta importancia, sino la del “particularismo”— han quedado, en cierto modo, superadas. Ese “particularismo”, con expresión tanto política —en los movimientos separatistas catalán y vasco— como social —en la especialización de gremios y profesiones—, es más bien efecto y no causa de la desmembración real.
Los particularismos lo son porque el territorio vasco y el catalán permanecen adosados a la fuerza al Estado español, nunca verdaderamente integrados socialmente. Euskadi y Catalunya no son la causa de la desvertebración. Han sido tratados históricamente por el poder político, judicial y militar como territorios hostiles. Esa clase de particularismo, como lo llama Ortega, es uno de los principales efectos de la desvertebración.
Ambos territorios se han sentido tratados con desprecio, como enemigos; nunca comprendidos por los poderes del Estado, sino........
