Patrick Modiano, detective memorioso
La materia prima de la escritura del escritor francés, Nobel de literatura 2014, es la memoria, la búsqueda en el pasado de recuerdos, o suposiciones, que hilvana tratando de explicarse y dar cuenta de algunas situaciones que restan en la nebulosa, hurgando en su pedigrí; recuerdos, hipótesis e imaginación componen su narrativa.
En la presenta ocasión, «La bailarina» se desliza por atmósferas ya transitadas en obras anteriores* con una delicadeza y una volatilidad cargadas de sutileza codeándose entre fantasmas, personajes oscuros de quienes se puede sospechar de que andan en turbios ambientes y manejos; todo ello, comme d´habitude, en la capital del Sena. No es de extrañar que haya habido alguien que haya elaborado un callejero del deambular del escritor. No está de más, él lo ha señalado en repetidas ocasiones, tener en cuenta las dedicaciones de sus progenitores: la madre en busca de éxito en el mundo del espectáculo, el padre, por su parte, con algunos meneos poco claros y con ciertos trajines junto a personajes de vida no muy ejemplar. Tampoco está de más mencionar, en este libro como en otros se hace, la labor de letrista de canciones de Modiano, y otras dedicaciones en el mundo editorial y literario: que se lo pregunten a Françoise Hardy con respecto a lo primero, y Raymond Queneau, verdadero padrino literario del escritor, en lo que respecta a lo segundo.
Todo se inicia cuando el protagonista, parisino de quien no se llegará a conocer el nombre, es saludado por alguien que dice conocerle de tiempos pasados, mas al que él, de primeras no reconoce. Tal saludo va a desencadenar en él la rememoración de un París de otros tiempos, de los años duros de la precariedad de la postguerra, y de algunos personajes con los que de alguna manera tuvo relación, con el eje, a modo de imán, de la bailarina, dedicada al cuidado de su hijito Pierre -al que por cierto el protagonista, enamorado de la mujer, cuida más de una vez-, por allá desfilarán, como verdaderos espectros, Georges Starass, Pola Hubersen, Hovine, Verzini, o un turco que anualmente organiza una fastuosa fiesta, etc.. La regularidad de la mujer es grande. Llegada desde Saint-Leu-La-Fôret a la gare del Norte y en metro hsta la plaza de Clichy, en donde estaban ubicados los estudios Wacker, locales un tanto envejecidos, en cuya planta baja se amontonaban -pues el orden no era lo propio-algunos pianos de ocasión, en los bajos una especie de cantina, bar y los estudios de danza. Allá seguía los cursos de un ruso considerado uno de los mejores profesores, Boris Kniaseff…el olor a sudor y lavanda inundaba el ambiente. Las descripciones van siendo entregadas con un lenguaje coloquial, como en Modiano es hábito, lo que hace que la lectura avance veloz, con el recurso a una primera persona narrativa que hace pensar en la identidad del parisino protagonista y el propio Modiano. Y siguiendo el modelo propio de una bailarina, ensayos, correcciones, pruebas, el escritor avanza por sucesivos tanteos en busca de ir componiendo las escenas y relaciones vividas, sin obviar la delicadeza y elegancia que parecen ser contagiadas de los vericuetos danzantes a la escritura. Un Paris en color sepia, o al menos en blanco y negro, sin el actual bullicio; en un deambular flâneur del autor por pasajes, callejuelas y otros recovecos urbanos que en ocasiones apuntan a inmuebles con dobles salidas, propios para el despiste y la ocultación….y el olor a podrido rodea ciertas actuaciones.
El maestro de baile es la vez un ser permisivo ante algunas actividades, digamos que, clandestinas que algunos de los que frecuentan el lugar en donde él ejerce su magisterio.
Leer a Patrick Modiano es seguirle sigilosamente por su incesante caminar, y en este ocasión desde luego si se tiene en cuenta la brevedad de la paginación, nadie se agotará, como conste que tampoco lo hará en otras de sus obras de más larga extensión.
La novela corta que es de la que hablo bien sirve para entrar en el quehacer de Modiano, verdadero concentrado de su obra, ya que en ella se dan todas las características propias de la escritura de este escritor que usa el retrovisor, elaborando un hojaldre narrativo, con sus diferentes capas.
————————————————————————————————————— (*) Algunas recensiones publicadas sobre el escritor y alguna de sus obras:
https://kaosenlared.net/patrick-modiano-por-el-carril-de-la-memoria/
https://kaosenlared.net/patrick-modiano-laberintos-de-memoria-y-olvido/
https://kaosenlared.net/patrick-modiano-mas-pistas-del-pasado/
https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2018/06/13/patrick-modiano-tras-el-nobel/
https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2022/03/28/patrick-modiano-laberintos-de-memoria-y-olvido/
https://archivo.kaosenlared.net/encuentros-narrados/
https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-10-10-07-00/hemeroteca_articles/amp/el-nobel-de-literatura-va-para-patrick-modiano-tenaz-topografo-de-la-memoria
Y de propina…otra intervención inencontrable en la red:
Escribir con el retrovisor
Esto es lo que hace el escritor francés Patrick Modiano que siempre anda empeñado en hurgar en su genealogía, intentando hallar los eslabones perdidos. En esta tarea se empeña en cada una de las entregas siempre mirando para atrás hasta el punto de topar con insolubles, en apariencia, agujeros negros de su pasado, más bien el de sus antepasados ya que al suyo propio alcanza sin problemas.
La sobriedad es una constante en la prosa de este escritor nacido en 1945 en Boulogne-Billancourt cuya escritura se mueve en un constante balanceo entre le presente y el pasado, por geografías hoy ya desvanecidas en su forma pasada o transformadas, o desaparecidas lisa y llanamente. Tarea ímproba que se ha tomado una joven escritora en un libro recientemente aparecido, Marie Lebey, en la editorial Lignesque lleva por título Oublier Modiano y que pretende recorrer los escenarios parisinos transitados por las novelas del escritor del que hablo.
Forzando una genealogía
Como un perro que tratase de montarse un digno pedigrí (Un pedigrí. Anagrama, 2007), hinchando para ello las ramas originarias, así declara hacer el escritor francés nacido el 30 de Julio de 1945 de padre judío-italiano y madre flamenca, Patrick Modiano, quien a falta de unos padres de características muy definidas en lo que hace a la procedencia de clase, linaje o qué sé yo (ni él), hincha el árbol genealógico haciendo desfilar una numerosa y variopinta galería de seres que visitaban a sus variopintos progenitores en el domicilio familiar del quai de Conti o en otros. Téngase en cuenta que sus padres eran........
