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Nikolái Gógol, historias vivas

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30.07.2026

«Con Gógol se inicia un nuevo período en la literatura rusa, llamada por los críticos el “período de Gógol”, que se prolonga hasta nuestros días»

                                                             Piotr Kropotkin

«Por mucha que fuera la insistencia y la sinceridad con que Gógol decía ulteriormente que no había nacido para hacer época en la literatura, sólo para salvar el alma, el problema “no tiene arreglo”. Gógol hizo época, creó escuela, creó literatura […] Y por muy grandes e inapreciables servicios al arte del lenguaje, por la gran influencia humana de su creación, concedamos ¡gloria eterna e inextinguible a Gógol!»

                                                              León Trotsky

En la encomiable tarea en que está empeñada Páginas de Espuma de publicar los cuentos completos de las luminarias de la literatura universal, ahora le toca el turno a Nikolái Gógol (Sorochintsy, Poltava, 1809 – Moscú, 1852), tras las entregas de Franz Kafka, James Joyce, Stefan Zweig, Edgar Allan Poe, D.H.Lawrence, Marcel Schowob, Henry James, Antón P. Chéjov, Guy de Maupassant, Joseph Roth, Émile Zola, Gustave Flaubert, etc., etc., etc. A algunos de ellos he dedicado, en esta misma red, algunas recensiones.*

36 cuentos componen el volumen, del escritor que inauguró la entrada en lo urbano de la literatura rusa, en el que bajo la máscara de lo grotesco asomaba la crítica social de la vida de su país; Pushkin, que le animó a escribir, decía que «debajo de su risa se perciben lágrimas invisibles»; fue él también el que, a su pesar, introdujo el realismo por aquellos lares, en un entre-dos y lo digo ya que los escenarios de sus cuentos balancean entre Ucrania y San Petersburgo, representando a la Rusia menor en el seno de la Gran Rusia. En este orden de cosas, en sus relatos se pueden hallar algunos toques de índole etnológica, ya que su mirada se dirige fundamentalmente al campesinado, presentando sus historias y sus costumbres, sin que ello quiera decir que no dirigiese su mirada a sectores pudientes del medio rural y también a las capas burocráticas (célebre es la comedia satírica sobre los funcionarios de provincia, El inspector, de 1836, que armó bastante revuelo en el momento de su publicación). El impulso que le guiaba, hasta los bordes de lo enfermizo, era el impulso moral, ya que le preocupaba sobremanera el mal moral. Sus intentos por obtener la fe le hizo viajar a Palestina, en 1848, y al no conseguir su propósito, entró en un estado de desesperación y manía religiosa que le duró hasta la muerte, lo que le condujo a quemar la segunda parte de Almas muertas.

Abandonando la escuela en 1828, se trasladó a San Petersburgo con el propósito de dedicarse a la carrera literaria: allí, sus primeros poemas fueron recibidos con notable desprecio, lo que le empujó a trabajar en la administración pública, y con el fin de superar la vida mediocre que llevaba escribió algunos cuentos animados en Ucrania, Veladas en el caserío cerca de Dikanka -recogidos en el volumen- que fueron bien recibidos, siendo animado por Pushkin, reitero, a que se dedicase a la escritura…fueron algunos aspectos pintorescos de la historia los que le llevaron a proyectar largas novelas históricas, que nunca llegó a escribir. Durante un tiempo fue profesor de historia en la universidad de la ciudad nombrada; en 1835 publicó Mírgorod -recogidos igualmente en el volumen- una serie de relatos con escenario ucraniano, dejando volar la imaginación, abre el recopilatorio con Terratenientes del viejo mundo, sátira implacable con tonos realistas. En el mismo grupo se incluye su célebre Taras Bulba, rebosante de romanticismo histórico, es la narración más larga entre las presentadas, se presentan igualmente El Vií, cuento que desborda una fantasía por las lindes de lo siniestro. Relato sobre la disputa de Iván Ivánovich con Iván Nikidfórovich es una potente sátira, hasta la carcajada, que a la vez resulta dolorosa. Destacables también, y tal vez algunos de los más célebres Relatos son La Avenida Nevski, La nariz, El retrato, El capote, La calesa, Diario de un loco y Roma; todos ellos localizados en San Petersburgo, en los que se entreveran sordidez y fantasía, y publicados en la misma fecha en una recopilación cuyo nombre era Arabesco. Precisamente de 1836 a 1848 viajó por el extranjero, encantándole entre todos los lugares visitados Roma por la grandiosidad de sus monumentos. Si, como he dicho, la presentación de los cuentos siguen la cronología de las diferentes recopilaciones, se añade al final Fragmentos en donde se reúnen algunas narraciones inconclusas de diversas épocas. Al final del volumen se ofrece........

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