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Leer a Jack London

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10.03.2026

Lo último del escritor

Coincidiendo con el 150 aniversario del escritor y miloficios (marinero, pescador, estibador de muelles, buscador de oro y periodista, además de novelista, cazador de focas, reportero de guerra), que respondía al nombre de Jack London, su nombre real era John Griffith London Chaney, nació el 12 de enero de 1876 en san Francisco, falleciendo el 22 de noviembre de 1916, siendo conocido especialmente como escritor por sus novelas Colmillo blanco, La llamada de la selva, El vagabundo de las estrellas, Recuerdos y aventuras del país del oro, El lobo de los mares, además de numerosos cuentos destacando en su producción obras de claro compromiso social como su El talón de hierro, Martin Edén, o su Gente del abismo, en donde escribió sobre la extrema pobreza que vio en Londres, y las infames condiciones de vida que padecían los desempleados crónicos, los enfermos, los sin-techo…El compromiso que le fue despertado por la lectura del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, lo puso en práctica en su presentación como candidato en diferentes elecciones.* [Me parece significativo hablando del compromiso del escritor la carta, con fecha de 16 de octubre de 1937, que Leon Trotsky escribió a la hija de Jack London, con motivo de su lectura de El talón de hierro, señalando la gran impresión que le había causado la novela y destacando «la potente intuición del artista revolucionario»; tomo la carta de la edición francesa del libro, que es la que dispongo – 10 /18, 1975- en cuya Introducción, Francis Lacassin habla, de la recepción que tuvo la aparición de la novela en el mercado del libro hexagonal, y la reacción, en concreto, del órgano del PCF, l´Humanité, en donde se consideraba la novela y al escritor como una muestra de gauchisme, entre otras cosas por ignorar el papel de Lenin, cuando, por cierto, éste todavía no era conocido más que en Rusia…].

Fue en 1916, cuando publicó su última novela publicada en vida, que ahora publica Montesinos: «La pequeña dama de la casa grande», seis meses antes que su muerte. El eje sobre la que gira la obra es la de un trío amoroso, sin participación de los tres. En principio estamos en presencia de un rancho próspero, Forrest, en la California de principios del siglo XX, una matrimonio unido, y una producción en alza, lo que hace pensar que todo va sobre ruedas, bien engrasadas. Paula, mujer culta, irónica y empoderada, que se diría hoy, juega el papel de acogedora anfitriona de las numerosas visitas; no responde, no obstante, a la figura habitual de esposa. La llegada de un amigo de su marido, Dick Forrest, a la mansión va a suponer una quiebra al funcionamiento armonioso del lugar; Evan Graham es el nombre del amigo que es recibido con sentido hospitalario, mas su llegada, como digo, va a suponer que el ambiente se caldee o dicho de otros modo que surja un triángulo amoroso, que si de entrada pudiera parecer algo alegre y gozoso, va a conllevar una serie de interrogantes que pesan sobre la mente de los intervinientes en aquella relación que se sale de las normas habituales, al convertir dos en tres, con las consiguientes dudas de índole moral acerca de si es lícito romper los contratos, si se ha de dejar vía libre al deseo más allá de lo acostumbrado, y, por encima de todo, la honda cuestión de si el matrimonio es un refugio o una cárcel; a la mente viene aquel dicho británico de que el matrimonio es una carga tan pesada que son necesarios tres para soportarlo.

En la novela se plantean diferentes dilemas morales, por los bordes de la libertad, y su uso, planteándose por parte de London la figura de Paula como una mujer intempestiva para su tiempo, como avanzadilla de tiempos futuros y ejemplo de los cambios en el rol de las féminas. La moral convencional de los tiempos queda barrida dándose principal relevancia a la libre elección por parte de las mujeres sobre su comportamiento sexual, y otros. Como no podía ser de otro modo, la obra provocó protestas airadas por parte de la sociedad bien pensante de la época, ante semejante propuesta de libertad femenina, frente al papel que se le asignaba de esposa y madre al servicio del esposo y de la prole; no cabe duda de que la novela puede calificarse como real y decididamente feminista.

Los personajes, empujados por el ansia de conocer, se entregan con pasión a la relación y a las discusiones de hondo calado filosófico, mas teniendo en cuenta el carácter de dichos personajes no resulta difícil que surjan crujidos y tensiones violentas entre ellos. Las disputas en especial por parte de los hombres, disputándose a la mujer que luce su condición de femme fatale, mujer liberada, alejada del rol que normalmente se asignaba a la mitad del cielo, femenina. Tampoco faltan las competiciones en diferentes habilidades y las historias que cada cual cuenta sobre sus experiencias pasadas, dándose todo ello no únicamente entre los habitantes del rancho sino participando igualmente algunos de los invitados.

Dick, posible alterego del propio escritor, es desde su más tierna juventud, contando 13 años, recibe una herencia multimillonaria, lo que va unido a su carácter reflexivo, inteligente y apasionado por la naturaleza y los caballos; se entrega a la agricultura con pasión, recurriendo a todas las técnicas más avanzadas en lo que hace a los cultivos y al cuidado del ganado acabados los estudios, con los diplomas en la mano recorre el mundo durante nueve años, plantando a sus tutores. Paula, su mujer, se queda prendada por la hermosura del lugar y por el espíritu emprendedor de Dick; ella no tiene facilidad para dormir y su curiosidad le hace controlar todos los rincones de los diferentes espacios de la gran casa, y de sus cercanías boscosas en donde se han asentado algunos filósofos, sin contar con el huésped, Graham, al que antes hemos nombrado y que tiene gran parecido con Dick, quien sentirá de inmediato una atracción hacia Paula, siendo ésta cautivada por la dulzura y delicadeza del recién llegado. Las visitas son numerosas y constantes que se dedican a pasear a caballo, a bañarse, a comer opíparamente y a entregarse con pasión a largas sobremesas. Allá no hay descanso, y el ambiente es de continuo movimiento. Como queda señalado la llegada de Graham va a suponer el enamoramiento de Paula que se confiesa al marido, quien aun estando locamente enamorado y llevar más de doce años unidos, no pone pegas a la relación. Graham se preocupa por el daño que pueda provocar en el marido, pero es tal el amor que siente que no puede detenerse, mientras que Dick chapotea en su dolor…poniendo a Paula en situación de tener que optar por uno o por otro.

London da muestra de un modo de narrar ágil, centrándose en el análisis de los personajes, ubicándoles en la historia del país y su economía…con el escenario de una gran casa que funciona como una permanente asamblea con aires de comuna, lo que supone un acercamiento a los USA del principios del siglo XX, y…a las aventuras del amor.

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( * ) Hay vidas que dan para mucho, hasta el punto de que podrían ser materia para una novela o varias; es el caso de este escritor considerado como uno de los grandes de la literatura estadounidense. No cabe duda de la pluralidad de oficios y experiencias existenciales le sirvieron como materia prima de sus obras.

Su vida fue una permanente lucha por la supervivencia desde su juventud: a los diez años, antes de ir a la escuela se dedicaba a repartir periódicos, a los doce trabajaba en una fábrica de conservas. Se situó al margen de la ley, alcohólico y pendenciero permanente. Conoció el trabajo en el mar y conoció en propia carne las condiciones de vida de los trabajadores americanos y de otros lares. Mientras tanto su afición a la lectura le hizo acercarse al Manifiesto comunista lo que le hizo convertirse en entregado socialista; entre sus lecturas también se contaron obras de James George Frazer, el de La rama dorada, de los economistas del siglo XIX y de Nietzsche, Darwin y Spencer entre otros. Fue en aquellos años en los que decidió dedicarse a la escritura por entero.; así lo dejó escrito en un manifiesto que escribió para el Partido Socialista en 1906, con el título de Lo que la vida significa para mí: «Todo se consideraba mercancía: hasta los hombres se compraban y se vendían. Decidí entonces que en adelante dejaría de vender mis músculos para vender el producto de mi inteligencia». Algunos de sus libros tuvieron ventas realmente exitosas lo que le supuso más de un millón de dólares, que gastó con rapidez, facilitándole a la vez el acceso a las clases adineradas. Poco antes de su muerte, en el mismo 1916, se dio de baja en el Partido Socialista (Socialist labor party) por la falta de combatividad de éste y por el creciente desinterés por la lucha de clases. Su legendaria vida concluyó en el rancho de su propiedad en California en donde murió como una personalidad pública, agotado moral y físicamente. Carmen Criado en la introducción de los cuentos publicado por Alianza, El silencio blanco y otro cuentos, decía : «El 22 de noviembre de 1916, enfermo de uremia y reumatismo, minado por el alcoholismo y desilusionado de su triunfo, moría en su rancho de Sonoma a causa de una sobredosis de morfina. Con su vida había contribuido a la creación del mito del escritor norteamericano rebelde, de vida desordenada, amante del peligro, los excesos y el alcohol, mito que habían de encarnar, entre otros, Mark Twain, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway».

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El Desvelo Ediciones ha publicado un libro que recopila algunos artículos de Jack London bajo el título de «Qué es socialismo»; el que no corre vuela y lo digo ya que no habiendo acabado de leer el volumen del que hablo, la misma editorial anuncia la publicación de otra recopilación de artículos son el título de «El oficio de escribir», en el que se ofrecen una serie de ensayos, inéditos, acerca de cómo ser escritor y consejos prácticos para noveles. Mas vamos por partes.

En lo que hace al primer libro nombrado, éste reúne textos inéditos en castellano sobre revolución, lucha de clases y derecho a la huelga. No es preciso recordar que el modo de sacarse la vida de London no fue única y exclusivamente la literatura sino que su trabajo como periodista fue amplio: entre 1895 y 1917, London publicó centenares de artículos en periódicos y revistas de Estados Unidos, Inglaterra y Australia. Fue corresponsal de guerra en Corea y México, cronista del terremoto de San Francisco de 1906, reportero de boxeo, explorador de mares lejanos en el Snark y, sobre todo, un pensador socialista que utilizó la prensa como tribuna política. Contiene el libro ciento veinte páginas que se centran en el campo del que habla el título, y afines, y es claro que Jack London no se dedicó a ver los toros desde la barrera sino que se implicaba y se acercaba al objeto, fusionando sujeto y objeto, sobre el que iba a escribir, siempre con la intención de conocer el modo de vida de los de abajo, como quedaba claro en su vagabundeo por las calles londinenses, como quedó plasmado en La gente del abismo (El Viejo Topo, 2001), además de no ocultar su compromiso con el socialismo, su militancia en el partido socialista así lo atestigua, aunque a decir verdad abandonó las filas de dicha organización debido a su flojera, aireando sus discrepancias que tomaban la forma de una reprimenda; y es que la visión de London era tajante, para él no existían las componendas ni las medias tintas, como dejaba expuesto con nitidez en sus novelas más políticas como Martin Eden (Alba, 2007) o El talón de hierro (Cátedra, 2020).

Como es natural los textos presentados han de ser situados en su tiempo, en que las esperanzas revolucionarias estaban al orden del día y los fracasos anunciaban tiempos de retroceso y represión que se pondrían en marcha años después con la irrupción del fascismo, los gobiernos autoritarios, etc.; a esto se ha de añadir que son textos de juventud y de esperanza. Su afán por la justicia fue lo que iba a llevarle al socialismo, en lo que también tuvo culpa la lectura del Manifiesto comunista de Marx y Engels (como el protagonista de Martin Eden, leía todo lo que caía en sus manos: así Ricardo, Smith, Mill…), dicho lo cual su socialismo no respondía al cumplimiento de programa alguno, sino a la búsqueda de formas mejores a la hora de organizar lo común. El centro de gravedad estaba puesto en los más desfavorecidos y más en concreto en los trabajadores y en ese orden de cosas ofrece algunas indicaciones sobre las condiciones que se han de cumplir de cara a mejorar la vida de las clases laboriosas, otorgando la importancia debida a la lucha de clases y al papel esencial de los sindicatos, como órganos de organización y combate. Su impulso por alcanzar tal ideal era constante y su entrega a dichos ideales eran sin quiebra: es un socialismo que responde a su carácter impetuoso y aventurero, que en este caso se traduce en la necesidad de derrotar el gobierno de unos pocos en beneficio de los más, y crear unos valores comunes que no sean los de la clase dominante y la defensa de sus ganancias, y de la sacrosanta propiedad privada. A lo largo de la lectura se van viendo cuáles son los enemigos a batir, ocultos tras pomposas caretas como el patriotismo –los obreros no tienen patria que decía los otros- o el darwinismo social, presente en Herbert Spencer, que en su torticera interpretación llevaba a dar como natural el dominio de los más fuertes, poderosos, en la lucha por la supervivencia. No hace falta ni decir, que la visión expuesta por London no se mueve por las nubes de las ideas sino que se encarna en la realidad pura y dura, y sus padecimientos, que él experimentó en carne propia en sus diferentes ocupaciones: marinero, minero, cazador de focas, buscador de oro, etc.

Lo oportuno de la publicación de estos textos, en años de aniversarios, no solamente sirven para recodar al sujeto sino que también sirve para detectar el espíritu en pos de la justicia y la igualdad que ofrecen los textos de London, deseos que, de una u otra forma, siguen siendo, o deberían serlo, los de cualquier proyecto emancipador que se precie. Sirve igualmente la publicación para despejar la escoradas imágenes que de él se han dado: aventurero y escritor para jóvenes, que en gran medida oculta el carácter militante del personaje y de su obras. Lo dicho no quita para considerar que el sujeto que respondía al nombre de Jack London, era un aventurero en sentido estricto y también el amplio, si en cuenta se tiene que su aventura era la vida, y la aventura de los humanos por alcanzar una sociedad más armoniosa…la aventura del socialismo. Sus exploraciones se dieron en el gran norte, más también en las conversaciones con sus vecinos en su ciudad natal, compartiendo unos tragos, y captando los descontentos y los deseos de la gente…precisamente en un artículo combativo publicado en San Francisco Chronicle era presentado comojoven socialista de Oakland, en el texto trataba concienciar a la gente para luchar, enfrentándose a las situaciones injustas impuestas por la sociedad capitalista. El eje de su mirada era el del enfrentamiento: entre hombre y naturaleza, entre los hombres, entre los animales y cada hombre luchando consigo mismo; en el terreno del que hablamos, obviamente, esta confrontación se concreta en la lucha de clases, posicionándose en su caso del lado de los trabajadores, en un contexto en que el racismo era palpable y en que los conflictos bélicos a nivel internacional asomaban con fuerza, sin olvidar las dificultades que tenía la población para abastecerse de los productos de primera necesidad.

Y la oportunidad de leer a un verdadero proletario de la pluma, que no dejaba de escribir un día solo de su plural y comprometida existencia…siendo calificado por la crítica como el Gorki americano.


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