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Las huellas del colonialismo

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25.03.2026

«…en un día cualquiera, llegaron barcos desde tierras lejanas. Trajeron cruz y fusil; sus palabras dulces ocultaban cadenas. Lo que parecía comercio, se convirtió en sometimiento. Nos arrebataron nombre, lenguas, ritos, fe y tierra»

Hay ciertas corrientes de pensamiento que cuando se habla de colonialismo, o de racismo, sacan de la manga el falaz argumento de la labor civilizadora que llevaron a cabo los países que entraron en tierra ajena para educar a los salvajes que allá habitaban y que no sabían hacer la o con un canuto; dentro de esta corriente hay quienes mantienen que quienes critican la colonización son la representación de la culpabilidad del hombre blanco, del masoquismo occidental (Pascal Bruckner dixit), llegando a hablar otros, refiriéndose a los inmigrantes como seres que son incapaces de aceptar los valores de los países a los que llegan, era el caso de un antropólogo donostiarra que acabó pontificando en tierras almeriense. No seguiré por ahí, mas sí quisiera incidir en que de un tiempo a esta parte, aunque la cosa hunde sus raíces en tiempos lejanos y rancios, los de la una, grande y libre y la unidad de destino en lo universal, viéndose un empeño por combatir la supuesta leyenda negra que sobre España han urdido los enemigos de ella, los de la anti-España: así han subrayado, por ejemplo, el carácter de descubrimiento de América, de manera algo más sutil, calificando la hazaña de encuentro, por evitar decir encontronazo. ¡que fray Bartolomé de Las Casas les pille confesados!. Los conquistadores les hicieron un favor, al imponerles la única religión verdadera y entregarles un idioma sin par…y ante las críticas sacan a relucir el argumento de: otros más, lo de la pérfida Albión y otros, pues mientras los colonizadores hispanos trataban con ternura, dulzura y vocación integradora a los indígenas, otros les masacraban, torturaban, imponían costumbres, etc., etc., etc. No seguiré por ahí, enumerando nombres propios, ni medios de comunicación que reivindican dicha onda de orgullo patrio, hispano.

Viene lo que digo provocado por la lectura de un libro de la guineana Guillermina Mekuy: «Las cicatrices imborrables del colonialismo en África. De madre a hijo. Una carta de amor y esperanza», publicado en Espasa. La sencillez no está reñida con el rigor y con el retrato de la realidad pura y dura, la cercanía tampoco, y la obra híbrida de la escritora confirma lo afirmado, y si digo híbrido es debido a que estamos ante una obra epistolar que visita la economía, la historia, la política y lo convierte en una ágil narrativa. Desde las primeras páginas queda expuesto el propósito del libro: «aspiro a que este texto sea leído en hogares, escuelas y espacios comunitarios», además, de obviamente, explicar a su hijo Luis Guillermo el colonialismo, exhortándole a que no olvide sus raíces y ofrecerle un canto a África, con claras tonalidades panafricanistas; en este orden de cosas podría hablarse del libro como el colonialismo explicado a la infancia, siempre que se tome el nombre del hijo como representación de otros hijos, y siempre que no se juzgue lo dicho como limitación con respecto a otras franjas de edad.

El deseo esperanzado de la escritora de una África unida, no administrativamente, en su identidad, su idiosincrasia, sus rituales, su unión con la tierra, irrumpe con fuerza a lo largo de las cartas al hijo, y la dirigida igualmente a las madres africanas: no olvidar las raíces, sentirse orgullosos, o cuando menos respetuosos con algunas de sus valores y tradiciones, recordando para ello los imperios existentes antes de la llegada, Biblia y fusil en mano, del colonialismo: el de Ghana, Mali, Songhai, Kongo, Aksum, Zimbaue…exponiendo la resistencia al invasor que «ningún látigo puede borrar la canción del nómada, pues su voz nace del latido de la tierra».

Reivindica el ubuntu (yo soy porque nosotros somos), la unión con la tierra recitada por su abuela María Luisa: «sonde cae la semilla, allí florece, porque soy hija de la tierra; la tierra es parte de mí», y denuncia el expolio a que fueron sometidos los países africanos, personas convertida en carne de esclavo, siendo exportadas encadenadas con lo que las familias quedaban rotas, siendo quebrado el hilo familiar, con los consiguientes problemas de índole psicológica y otras. Se detalla el reparto, en Berlín, de las tierras africanas y la elaboración con tiralíneas y compás, delimitaciones arbitrarias de distintos países, en los que pasaban a reinar los recién llegados, que no se privaban de utilizar a gente del lugar para ciertos menesteres de mando, en una clara política de divide y vencerás; diferencias que eran confirmadas por distintas mediciones supuestamente científicas de cráneos y otras, lo que suponía establecimiento de jerarquías entre unos y otros, suponiendo dicha nefasta siembra unos resultados de enfrentamientos y genocidios varios como los acaecidos en el Congo del belga Leopoldo II, entre hutus y tutsis o el exterminio de los hereros y namas en Namibia. Supremacismo al por mayor y animalización de los nativos, tratando e concederles a través de la educación de su inferioridad y de la necesidad de respetar a los dominadores.

La mano de obra local era forzada a cumplir unos objetivos que si no eran alcanzados suponía mutilaciones de los incapaces de seguir el ritmo, marcado por los capataces, pertrechados de látigos…y el continente convertido en despensa de diamantes, oro, cacao, café, algodón y otras materias primas que ocultaban aquellas tierras; importante papel jugaron las explotaciones mineras y la implantación de monocultivos que daban al trate los medios habituales, y diversificados, de siembra y recolección. El miedo y la amenaza como armas, con ejércitos poderosos que se comportaban sin piedad, imponiendo castigos por las desobediencias (?) más nimias: llorar en público como muestra de disidencia, cantar ritmos locales, entregarse a rituales tradicionales…quedando igualmente expuestas las condiciones escolares en donde se hablaba de héroes y personalidades ajenas a la tierra, los venerados en las metrópolis de los dueños del cotarro, y las formas de resistencia que no solamente se daban en forma de levantamientos, de los que se ofrece un surtido muestrario, y el uso de lanzas, sino que quedaban patentes en la práctica de rituales, tambores, cantos y otras formas de transmisión; en lo que hace a las luchas contra la opresión no falta la mención de diferentes líderes o personalidades que ocuparon papeles esenciales en los ambientes rebeldes: Garvey y Lenin, Julius Nyerere, Amílcar Cabral, Frantz Fanon, Kwame Nkrumah, Jomo Kenyatta, Ben Bella, Agostinho Neto, Nelson Mandela, …ni geografías de luchas y reivindicaciones culturales. Queda subrayada la educación de quienes luego se servirían de la lengua impuesta por los colonizadores para luchar contra ellos. Se destaca el papel de las mujeres en la transmisión de costumbres y en implicaciones en diferentes luchas, y de los jóvenes en diferentes movimientos del renacer de la conciencia, ante los padecimiento a que fueron sometidos sus antepasados y contra las formas de neocolonialismo -o colonialismo con otras formas enmascaradas- presentes en formas de préstamos, bancos, comercio desigual;, con mención especial al FMI y el Banco Mundial; queda detallada la cronología de la descolonización, y el peso de las potencias extranjeras en los procesos de independencia…quedando en pie toda una red que persistió tras la liberación de diferentes países y naciones, con la consiguiente dependencia con respecto a los antiguos dueños, y con las materias primas esquilmadas…

Guillermina Mekuy se atreve a presentar propuestas de cara al futuro en busca de la solución de los problemas persistentes y las vías que señalan un futuro africano que esté en manos de ellos mismos.

Teniendo en cuenta el origen de la autora del libro, Guinea Ecuatorial, ex-colonia española, no está de más mostrar lo que dice la autora por si alguien no ha leído estas páginas (173 – 178)…sostiene Guillermina Mekuy que los sentimientos hacia España es para unos una madre y para otros una madrastra, no ocultando que invadieron el país, despojándolo de sí mismo, privándoles de sus lenguas, en nombre del progreso, la civilización y la religión verdadera, fomentando la vergüenza con respecto a las raíces…aquella tierra comprada, como mercancía, en 1778 a Portugal, y luego mantenida con soldados, decretos y símbolos religiosos…último aliento imperial, que se dedicaba a la rapiña de cacao y café, a prohibir danzas y canciones, forzando desplazamientos e imposiciones religiosas, lingüísticas y otras, con castigos púbicos, adoctrinamiento y vigilancia…hasta 1968 fecha de la declaración de la independencia en una fecha española y muy española, 12 de octubre..que no supuso desmontar el sistema.

En fin, no me importa repetirme, para concluir señalando que estamos ante una obra de una ejemplar sencillez y cercanía que presenta el fenómeno del colonialismo y las huellas y heridas que marcaron a los pueblos africanos, haciéndolo con rigor y amplia documentación en lo que hace a fechas, hechos, países y personalidades reseñables.

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared


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