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La última noche de Primo Levi en Auschwitz

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02.03.2026

Al comienzo de La tregua (Muchnik editores, 1988), El deshielo, Primo Levi (Turín, 1919 – 1987) cuenta los últimos momentos de Auschwitz, cuando los alemanes ante la cercanía de las tropas del ejército rojo decidieron evacuar el campo, llevando consigo a los detenidos sanos. La suerte acompañó a Levi, una vez mas, y lo digo así, ya que en este caso, fue la enfermedad, la escarlatina, la que hizo que quedase ingresado en la enfermería de Buna-Monowitz, «entre los ochocientos que quedaron…cerca de quinientos murieron de sus dolencias, de hambre y de frío, antes de que llegasen los rusos, y otros doscientos, a pesar de los cuidados recibidos, durante los días inmediatamente posteriores», y si digo una vez más, reitero, es debido a que su oficio de químico y el saber algo de alemán hicieron que pudiese librarse del frío invierno en el laboratorio de la fábrica de caucho de la IG Farben. Precisamente esta suerte le atormentaba sobremanera, ya que opinaba que los que habían sobrevivido era a costa de otros, por haber obtenido algunos privilegios, cuestión, la que calificaba como zona gris, de la que trataba en Los hundidos y los salvados (Muchnik, 1986); podría decirse que tal vez esta fuese una de las causas que motivaron su suicidio el 11 de abril de 1987, la culpabilidad del superviviente, a lo que habría de añadirse su bajón depresivo tras una operación de próstata, el ascenso de las corrientes negacionistas y cuestiones domésticas que le hacía convivir con un par de ancianas.

Si desde los primeros días de enero, de 1945, se esperaba la llegada de los rusos, las primeras avanzadillas fueron vistas, por Primo Levi y su amigo Alberto, el 27 de enero. Si he nombrado un amigo, a lo largo de Si esto es un hombre y en otros lugares , señala cómo en medio de aquel infierno había personas que daban ejemplo de dignidad: Charles, Arthur, Lorenzo Padrone -del que dijo que le había salvado la vida-, obrero de la construcción de las paredes externas del campo, que hacía favores a Levi facilitándoles comida y enviando sus mensajes a sus familiares… a esta incompleta lista ha de sumarse el médico que le facilitó un libro a Primo Levi, diciéndolo: oye italiano, te dejo este libro que ya me lo devolverás cuando volvamos a vernos. El italiano tenía el hambre propio del lugar, a la vez que tenía hambre de letra impresa, y ello hizo que tomase con sumo gusto el regalo de Remolques, de Roger Vergel, libro que le hizo pasar los últimos días de encierro; fue tal la impresión que le causó el libro, tanto como tabla de salvación como de posibles paralelismos entre su experiencia y entre el protagonista del libro nombrado, al que en La búsqueda de raíces, antología de autores que más le influyeron, dedicó una entrada, La aventura tecnológica, al nombrado escritor (El Aleph, 2004; pp. 179-180). [Con el fin de no recarga e interrumpir lo que digo, copio abajo las palabras de Levi en el artículo nombrado]*.

Del papel de la lectura han solido dar cuenta algunos deportados de los lager, a la cabeza me vienen algunas referencias de Jorge Semprún que contaba como entre los compañeros de fatigas se contaban películas o libros, recitando de memoria algunos textos, o la resistente francesa Charlotte Delbo cuenta que recitaba poemas para mantener su lucidez y evitar la locura en medio del horror…algo similar ocurre con los viajes que Primo Levi había en busca de la sopa con un alsaciano, al que llamaba Pikolo, al que con el fin de enseñarle la lengua italiana, además de subrayar la relación del infierno en que vivían con el viaje de Ulises en la Divina Comedia de Dante, recitando versos, que había aprendido de memoria en su época de estudiante.

Ahora, se publica «Un livre. Un livre dans la vie de Primo Levi» de Fabrice Gaignault (Neuilly-sur-Seine, 1956), publicado por Éditions Arléa, que cuenta la última noche del italiano, número de matrícula 174517, en la enfermería del lager nombrado, rodeado de seres enfermos y moribundos, como queda dicho un médico le entregó un libro francés titulado Remorques, que había sido galardonado con el premio Goncourt en 1934. El libro de Gaignault, por su parte, fue finalista del premio Renaudot de Ensayo y finalista del premio Fémina de Ensayo igualmente, ambos en 2025

La tensión en el recinto se palpaba, pues quienes no habían sido seleccionados para la marcha de evacuación, verdadera marcha hacia la muerte, temían que íban a ser liquidados. Mientras tanto Levi lee y enganchado a la lectura le sorprenderá la claridad del día. Era la primera lectura desde que había llegado a aquella sucursal del infierno. Los que allá quedaron, finalmente, tuvieron que esperar a la llegada definitiva del Ejército Rojo, y con ellos la liberación de Auschwitz.

La concisión y brevedad del texto no quita, sino al contrario, para que el autor de él nos mantenga en vilo, a la vez que paralelamente se desarrolla la aventura novelesca, de un barco de salvamento en el mar de Iroise que en plena tempestad augura el fin del mundo…del mismo modo que la naturaleza muestra su fuerza brutal y aniquiladora, los hombres de negro se dedican a asesinar, entregándose a la criminal tarea con una furia brutal. Un libro de aventuras y de solidaridad es leído al tiempo que otro es escrito para testimoniar aquella locura geométrica, de la que hablase el propio Primo Levi, autor del inolvidable y necesario Si esto es un hombre**. Una aventura de salvamento de unos curtidos marineros bretones dedicados a salvar vidas, que transcurre al tiempo que una aventura de la lectura y las asociaciones que provoca en el entregado lector, suponiendo en este caso un ejemplo de supervivencia y de lucha por la vida, como si el lector avanzase en un bote en medio de la tormenta. Es posible que la vida se acabe pero el espíritu recibe un sosiego.

Fabrice Giagnault entrega este breve libro en el que brilla el elogio de la literatura como alimento y como vía de escape de la imaginación, y hace desfilar algunas luminarias de las letras que van de Baudelaire a Conrad, incluyendo a la mentada Delbo. Y los secretos de la lectura en medio del temor a la muerte en una tenue balanceo con el horizonte de la posible subsistencia, de una mente empapada de emociones y sentimientos…y si el otro decía cantando espero a la muerte, en este caso, Levi, lo hacía leyendo, asociando palabras y sus derivas simbólicas. Nacht und Nebel (Noche y Niebla) habían bautizado las bestias pardas su labor aniquiladora, y allá en aquellos momentos de la que fue su última noche en Auschwitz, Primo Levi obtuvo momentos de luz en aquella noche del 17 al 18 de enero de 1945.

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( * ) 13. La aventura tecnológica

[Roger Vercel, Remolques, trad. De G. y L. Gosse, Barcelona: Alborda, 1943; pp. 117-120, 128-129, 210-218.]

De Roger Vercel lo ignoro todo, incluso si está vivo o muerto, pero me alegraría que estuviese vivo y sano y siguiera escribiendo porque me gusta su escritura, me gustaría escribir como él y poder contra las cosas que él cuenta.

También me siento vinculado a él por un hecho personal. En esta antología [se refiera a las lecturas que le han influido que recoge en la obra citada: el Libro de Job y Homero, Cela, Russell, T.S.Eliot, Darwin,…así hasta 30], llegados aquí, debería darse una cesura, una discontinuidad, que se corresponda con mi año pasado en Auschwitz, en el que además del hambre, sufrí hambre de papel impreso. Remolques es el primer libro que me cayó entre las manos tras este prolongado ayuno, y lo leí todo en la noche terrible y decisiva en la que los alemanes dudaron entre matarnos o huir, y decidieron huir. Sin nombrarlo, ya aludí a este libro en las últimas páginas de Si esto es un hombre [en la página 162 de tal libro se lee: «el médico griego echó en mi litera una novela francesa: – Ten, lee, italiano. Me lo devolverás cuando volvamos a vernos»]. De todos modos, esta novela insólita me interesa también en sí misma, también hoy, independientemente de la modalidad de esa primera lectura. Trata un tema actual y, sin embargo, extrañamente poco explotado: la aventura humana en el mundo de la tecnología. ¿Es posible que el hombre de hoy considere superflua la aventura, el “mesurarse” conradiano [se refiere a Joseph Conrad]? Si así fuera, se trataría de una señal infausta. Por el contrario, este libro muestra que la aventura existe todavía, y no en las antípodas; que el hombre puede mostrarse valiente e ingenioso incluso en empresas de paz; que la relación hombre-máquina no es necesariamente alienante; es más, que ésta puede enriquecer la vieja relación hombre-naturaleza. La trama del libro es lineal; describe las empresas del Cyclone, barco remolcador para salvamentos en alta mar, y de su capitán Renaud. En el primer tramo, el Cyclone está yendo a la deriva hacia una escollera; la soga del remolque se ha encallado en la hélice y la ha bloqueado. En el segundo, se dispone a acudir en socorro de un barco inglés en llamas, que ha emitido en S.O.S.

( ** ) Con respecto a Si esto es un hombre, me permito transcribir algunas certeras palabras de Gilles Deleuze en conversación con Claire Parnert en su Abecedario:

Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre. El hombre que lo ha dicho, el artista, el escritor que lo ha dicho con mayor profundidad es Primo Levi. Sabe hablar de esa vergüenza de ser hombre y lo hace a un nivel enormemente profundo, porque lo hace tras volver de los campos de exterminio. Dice: “Sí, cuando fui liberado, lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre”. Se trata de una frase espléndida, muy bella, y a la vez no es algo abstracto: la vergüenza de ser hombre es algo muy concreto. Y no quiere decir las tonterías que podrían hacerle decir. No quiere decir “somos todos asesinos”, no quiere decir “somos todos culpables por el nazismo”. Se trata de un sentimiento complejo, no de un sentimiento unificado, y significa, primero, ¿cómo es posible que hombres hayan podido hacer eso? Y, en segundo lugar, ¿cómo es posible que a pesar de ello yo haya transigido? No me he convertido en un verdugo, pero no obstante he transigido bastante para sobrevivir. Y en tercer lugar una cierta vergüenza, propiamente dicha, de haber sobrevivido en lugar de algunos amigos que, por su parte, no sobrevivieron. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre es un sentimiento extraordinariamente compuesto. Y creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo: cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre no cesa de encarcelar.

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Añado algunos artículos publicados sobre el escritor italiano y algunas de sus obras:

https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/category/primo-levi/

https://kaosenlared.net/hablando-con-primo-levi/

https://www.pensamientocritico.org/inaurd1212.htm

https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2019/01/30/la-tabla-periodica-de-primo-levi/

https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2023/12/07/lorenzo-perrone-y-primo-levi/

https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2017/04/11/primo-levi-un-superviviente-el-fin-y-el-principio/

https://carteldelasartesylasletras.wordpress.com/2021/07/08/habla-el-ex-deportado-174517/

https://kaosenlared.net/primo-levi-novelista/

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared


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