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Rafael Poch de Feliú: “Trump e Israel también arriesgan mucho con esta locura”

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04.03.2026

(Una entrevista de Sergi Picazo con el autor para la revista «Critic»)

Trump ya prescinde de la retórica del derecho internacional. La clave para definir las relaciones internacionales es la fuerza. Estados Unidos puede secuestrar o matar a dos líderes de países enemigos: Maduro, en Venezuela, y el ayatolá Jamenei en Irán. ¿Se acabó la legislación internacional? ¿La ONU? ¿Los mínimos de la política internacional?

La pregunta, desde luego, es retórica. La guerra comenzó el sábado con el asesinato del dirigente del país adversario y varios miembros de su familia. Esta guerra comenzó – y es la segunda vez desde junio – en medio de unas negociaciones calificadas de “exitosas” por los mismos personajes (Witkof y Kushner) que están negociando con los rusos el fin del conflicto de Ucrania. ¿Quién puede confiar en tales “negociadores”? “Las garantías y los documentos firmados por este Presidente, no tienen valor alguno”, ha dicho en Moscú el analista Dmitri Trenin sobre Trump. “No se puede mantener negociaciones con este gobierno”, dice desde Nueva York el economista Jefrey Sachs.

La crisis del hegemonismo comporta la de sus instituciones. La ONU fue una buena idea pero reflejaba el mundo de 1945. Hoy el mundo es diferente y diferentes son también las correlaciones de fuerzas que hay en su interior. Entonces los chinos y los indios no contaban nada en el mundo y hoy pesan mucho. Pero curiosamente no son los emergentes los que están derribando las instituciones internacionales y el derecho internacional, sino sus inventores, los gobiernos de aquellos países que diseñaron todas esas instituciones a la medida de sus intereses. Si la ONU era el desigual “parlamento de la humanidad” en el que algunos mandaban más que otros por su derecho de veto, hoy sus inventores se han hecho extraparlamentarios y promueven el bandidismo y el gangsterismo más crudo. Asistimos a la conversión de la ONU en una especie de reedición de aquella impotente “Sociedad de Naciones” disuelta en 1946. Si entonces aquella organización fue incapaz de impedir la invasión italiana de Abisinia, la japonesa de China y el desastre de Ia Segunda Guerra Mundial, la ONU de hoy se muestra igualmente impotente ante el genocidio de Gaza. Su Corte Penal Internacional condena a los criminales, pero son sus magistrados los que están siendo violentados y chantajeados, mientras sus imputados gozan de plena impunidad en Occidente. Por no hablar de la relatora Francesca Albanese, objeto de sanciones y medio refugiada en Túnez… Respecto a la UE, su papel no puede ser más vergonzoso: cooperación militar con el agresor, incluso desde la base de Rota, y condena de la respuesta del agredido por parte de Alemania, Francia e Inglaterra. “Instamos a Irán a que ponga fin de inmediato a estos ataques imprudentes. Tomaremos medidas para proteger nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, tal vez adoptando medidas defensivas proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones”, señalaba el domingo su comunicado.

La situación del nuevo mundo multipolar exige nuevas instituciones, desde luego también en Europa, pero la experiencia histórica sugiere que éstas solo aparecen después grandes desastres.

Has escrito en Ctxt que los asuntos de Venezuela, Irán y Ucrania en realidad son la misma guerra y que “el objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china” ¿Puedes explicarlo?

El dato central es la reacción occidental al ascenso de China. Ese es el hecho que unifica el grueso de la situación y viene de lejos. Hace treinta años se esperaba que la integración en la globalización, entendida como seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos y sus satélites, convertiría a China en un miembro subordinado y dependiente del sistema mundial. Esperaban que la integración de las élites chinas en la globalización acabaría dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino. Pero un cuarto de siglo después se encontraron con la sorpresa de que, jugando en el terreno de juego por ellos diseñado, China les ganó la partida: se hizo mucho más fuerte, continuó siendo autónoma y soberana, y se proyecta al exterior mediante una estrategia mundial integradora, no militarizada,........

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