menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Las «cuatro estabilidades» de Xi frente a la agonía hegemónica: el parto de un orden tripolar

21 0
21.05.2026

La reciente cumbre celebrada en Pekín entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Donald Trump constituye mucho más que un episodio diplomático de alto nivel.

Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.

La reciente cumbre celebrada en Pekín entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Donald Trump constituye mucho más que un episodio diplomático de alto nivel: es la escenificación material de un punto de inflexión histórico. Bajo la solemnidad del Gran Salón del Pueblo se formalizó el reconocimiento implícito de que el orden unipolar, erigido tras el colapso soviético y cimentado sobre el Consenso de Washington, ha entrado en una fase de crisis orgánica y agotamiento estructural irreversible.

El encuentro expone la urgencia de desentrañar una dinámica histórica inexorable: hasta qué punto los actores en pugna buscan gestionar la transición hegemónica o si asistimos a una deriva ineludible hacia la confrontación sistémica bajo la sombra de la llamada «trampa de Tucídides». Desde una perspectiva marxista-leninista y gramsciana, dicha trampa no es un mero destino geopolítico, sino la expresión de una crisis orgánica del bloque histórico occidental: sus fuerzas productivas globalizadas ya no se corresponden con unas relaciones internacionales de producción ancladas en la hegemonía unilateral del dólar y la OTAN.

Este concepto, enraizado en el análisis de las contradicciones entre potencias emergentes y dominantes, describe la tensión estructural desatada cuando el dinamismo de una nueva base productiva choca contra la resistencia de una hegemonía en fase de declive. A lo largo del desarrollo histórico del capitalismo, estas transiciones de los ciclos de acumulación y poder rara vez se han resuelto en los despachos; el relevo entre imperios ha estado invariablemente mediado por conflictos devastadores que reorganizaron por la fuerza el equilibrio mundial.

   Lenin lo demostró en El imperialismo, fase superior del capitalismo: el reparto desigual del mundo y la ley del desarrollo desigual generan guerras interimperialistas como forma de recomposición violenta de la hegemonía. Lo nuevo en nuestra época es que la destrucción mutua asegurada por las armas nucleares introduce una barrera objetiva a esa lógica, sin suprimirla. Sin embargo, la condición objetiva de nuestra época impone un límite inédito: una confrontación directa entre potencias nucleares no arrojaría una simple redistribución del poder global, sino la destrucción de las bases materiales de la propia civilización.

Es en el vértice de esta contradicción histórica donde China despliega una sofisticada arquitectura diplomática para evitar el colapso sistémico. Las denominadas «cuatro estabilidades», formuladas por el liderazgo de Xi Jinping, no son concesiones tácticas ni retórica de coyuntura. Representan una estrategia de contención y reordenamiento, un intento de construir un nuevo marco regulador internacional en plena transición poshegemónica, limitando las opciones destructivas de un adversario acorralado por sus propias fisuras.

• Mediante la estabilidad estratégica constructiva se busca imponer una racionalidad cooperativa a largo plazo frente a las fricciones inmediatas.

• La estabilidad sana asume la inevitabilidad de la competencia tecnológica y comercial, pero traza........

© Kaos en la red