Martes de Tai chi
Todo empezó con un soborno emocional de mi madre. «Acompáñame, no quiero ir sola», me dijo. Y como casi siempre, cedí. Tai chi. Yo, que solo sabía de él lo que había visto en el parque: abuelos de sombra lenta, manos dibujando el aire, pensé: «Voy una vez y ya». Dos semanas después, sigo aquí, con las raíces un poco más hundidas en la tierra.
El primer día fue un desastre divertido. Mis brazos tomaban un camino y el grupo otro. «Esto no puede ser tan difícil», me dije. Error. Mis rodillas crujían como bisagras viejas en posturas que parecían un suspiro y que, a los........
