Ni perdida, ni perfecta: la juventud real
Hay una edad en que se pierde la inocencia y cae el peso del mundo. Cuando suena la alarma antes del alba y a la responsabilidad se suman hijos, padres, sueños postergados. Es la edad en que se deja de ser muchacho para entender, a golpe de realidad, cuánto cuesta levantar un país y levantarse uno mismo.
En la Cuba actual, víctima de una crisis que parece incesante, la juventud camina sobre una cuerda tensa. No por falta de talento o determinación, sino porque la escasez, a veces, estrecha los horizontes y les pone un límite a nuestros anhelos.
Algunos abandonan los estudios, otros se refugian en la economía informal; y unos pocos, en los márgenes más oscuros de la desesperanza. “Cuando el río suena, es porque piedras trae”, dice el refrán, y las piedras son reales. Pero reducir a la juventud cubana a ese marco sería una injusticia.
En su reciente comparecencia ante medios nacionales y extranjeros, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pidió, como quien hace un gesto de respeto profundo, “quitarse el sombrero” ante el pueblo y, en particular, ante los jóvenes. Habló del heroísmo que asombra, de esa capacidad de decir: “rendirme no es una opción, me supero y avanzo y crezco”.
No son palabras lanzadas al viento. Durante la pandemia, cuando el........
