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El imperativo de la unidad de cara a las elecciones

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06.04.2026

Superado el complejo periodo de estabilización y avanzado el de recuperación económica, Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica que no admite más dilaciones ni atajos retóricos. El foco de la nación y de sus fuerzas vivas debe converger ahora en un objetivo único y superior: la transición institucional, que ineludiblemente debe desembocar en un proceso electoral con plenas garantías, transparencia absoluta y respeto total a la soberanía popular.

En el análisis del escenario nacional, es fundamental comprender que el proceso político ha sido diseñado bajo una hoja de ruta de tres tiempos claramente definidos por la comunidad internacional y los actores estratégicos como los Estados Unidos: estabilización, recuperación y transición. Al observar el panorama actual, podemos afirmar que el primer peldaño ha sido superado. El periodo de estabilización, marcado por la ausencia de disturbios y una tensa calma social, ha dado paso a una etapa de recuperación que, aunque visible en ciertos indicadores macroeconómicos, se encuentra hoy estancada en un cuello de botella institucional que impide el progreso real de la familia venezolana.

Estamos en pleno proceso de recuperación, pero es una recuperación incompleta, frágil y desigual. Si bien es cierto que hemos visto el regreso de algunas empresas transnacionales, especialmente en áreas estratégicas como la petrolera y la minera, este movimiento de capitales no ha permeado la economía real del ciudadano de a pie. La realidad que golpea las calles es innegable: las carencias económicas persisten y los reclamos salariales de nuestros médicos, profesores y trabajadores de todos los sectores no encuentran una respuesta sólida. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta es clara: la falta de seguridad jurídica derivada de la ausencia de un gobierno legítimamente establecido.

Es fundamental entender que si aspiramos a una recuperación económica fuerte, real y, sobre todo, sostenible en el tiempo, el país requiere con urgencia de esa seguridad jurídica que solo otorga la legitimidad. Los grandes inversores internacionales son pragmáticos; entienden que, mientras no exista en Venezuela un Ejecutivo nacido de la voluntad soberana........

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