De rezos a vulgaridades: la historia de un loro
Las memorias familiares han recogido la historia de una piadosa dama de fines de la Venezuela rural. Vivía la honorable señora en una hacienda en el sur del estado Aragua, donde las montañas se aferran a la serranía pero van bajando hacia llanuras irregulares que luego se abren a las sabanas del alto Llano. La dama tenía un loro que en los corredores de la casona familiar había escuchado una y mil veces los rezos cotidianos y las más devotas jaculatorias y peticiones. Ese loro tan reverente causaba la sorpresa de parientes y allegados, además de los familiares más cercanos y las personas de servicio y apoyo.
Un loro que supiera rezar era un portento. De allí que la dueña pensara en obsequiarlo al
arzobispo, como testimonio de religiosidad y buenas costumbres, de decencia en una época en la que era muy importante ser reconocido como "gente decente" lo cual aseguraba aprecio y estatus social en una Venezuela aún muy provinciana. El loro, pues, salió de........
