Docente en septiembre
Diseño de una maestra impartiendo clase. / INFORMACIÓN
Volvemos de las vacaciones estivales y parece, al menos a mí, como si no solo comenzara un nuevo curso escolar, sino también un nuevo año, con los reiterados propósitos de ser y estar mejor: horarios, alimentación saludable, actividades lúdicas, voluntariados, aprender un nuevo idioma y, en caso de tener familia, uniformes, extraescolares, libros, comedor, autobús, cumpleaños, cambios de armario… En definitiva, a veces se nos olvida, o nos parece un anatema, hacer entender que aprender cuesta, y mucho. No solo dinero a las familias, sino también esfuerzo a los discentes: Cuesta madrugar todos los días. Cuesta concentrarse cuando hay otros planes más divertidos a la vuelta de la esquina. Cuesta leer. Cuesta escribir bien. Cuesta memorizar. Cuesta equivocarse. Cuesta volver a intentarlo. Pero precisamente porque cuesta, la escuela tiene la obligación de enseñar a hacerlo.
Echando la vista atrás, este verano ha estado movidito: incendios, las altas temperaturas, problemas geopolíticos en Ceuta, pisos de dudosa pertenencia, el robo del siglo y tantas otras noticias que ocupan las portadas de los medios de comunicación. Sin embargo, una noticia ha acaparado mi........
