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La verbena y otros sainetes breves

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03.05.2026

Pedro Sánchez. Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

Cuando Podemos se convirtió en fuerza vigorosa; cuando sacó buenos resultados en unas Europeas, presentando como logo un sello con la cara de Pablo Iglesias, rey; cuando salieron de las tiendas de campaña camino del cielo; yo pertenecía a la dirección local de Compromís. Hubo una cierta preocupación y no faltaban voces que defendían promover una pronta unidad. Me mostré muy escéptico. Mi tesis era que Podemos sería un formidable corredor de velocidad, pero que Compromís, si era capaz de vertebrarse y actuar como un partido de gobierno, sería un corredor de fondo más útil. Alguien propuso que, al menos, podíamos reunirnos con ello, lo que pareció sensato. ¿Pero quiénes eran «ellos»? A algunos conocíamos de lejos o porque salían en prensa. Así que alguien llamó al amigo de un amigo para concertar una reunión.

La respuesta fue frustrante: aunque los llamados ejercían como una especie de gestora, no podían reunirse con nosotros si no lo aprobaba una asamblea. Les preguntamos si sería posible tomarnos un café si «casualmente» nos encontrábamos por la calle. A eso dijeron que sí. Y ahí quedamos sin quedar, en la calle San Juan Bosco. ¡Qué grata y democrática coincidencia! Les comentamos sobre qué pensaban proponer en las Municipales y nos quedamos alucinados con sus ideas sobre la ciudad: privatizar el uso de mucho espacio público para recaudar dinero en tasas para los proyectos más superguays. Y nos despedimos, tan colegas. Fueron trabajos de amor perdidos: a los pocos meses esos camaradas habían sido despedidos por no sé qué martingala en sus primeras primarias.

Como la curiosidad me venció, me entretuve en seguir por ordenador una Asamblea de Podemos en Alicante que ellos mismos retransmitían. Un periodista veterano me preguntó que qué me había parecido. Le dije que un empresario podría comprarse el nuevo partido; le bastaba con pagar las cuotas de cinco afiliados

-cualquiera podía apuntarse- y sentarlos estratégicamente por la sala para así dirigir los sentimientos exaltados. Los debates fueron surrealistas, centrados en materia de organización interna........

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