El tiempo del eclipse
Azcón, Moreno Bonilla, Feijóo, Ester Muñoz, López Miras y Pérez Llorca, el pasado 6 de diciembre en Madrid. / Efe
Nos mantenemos en la realidad pendientes de un hilo. En este momento el hilo del Mundial. Pero, si por estas o aquellas, nuestro patrio equipo fuera eliminado y no llega circular en autobús descapotable ostentando la merecida Copa, no sé qué será de nosotros. Bien mirado aún queda otra esperanza: el eclipse. Nuestra tranquilidad moral, nuestra fe en el mundo -el cosmos- como algo ordenado y predecible, depende de que la oscuridad se apropie un rato de valles y montañas, playas y chiringuitos. Todo lo demás es opinable.
Lo que ahora narraré es posible que lo haya contado antes, pero es que viene al pelo. En la posguerra francesa, las relaciones entre comunistas y De Gaulle eran, por así decir, complejas. Y en esas, el Secretario General del Partido Comunista -un imponente partido- dijo que el advenimiento del comunismo era tan inevitable como la llegada de eclipses. De Gaulle, adusto, pero bastante más inteligente, le respondió que quizá tuviera razón, pero que no conocía a ningún partido dedicado a promover los eclipses de luna. Fin del debate. ¡Qué tiempos!
Me temo que necesitamos a De Gaulle y a compactos líderes comunistas por ver si restablecemos la confianza en lo que (nos) pasa. Pero no. Nuestros líderes -a los que nunca suelo criticar en bloque- han decidido renunciar a la duda cartesiana, aplicando la razón metódica y, en su lugar, poner en el centro del tablero la sospecha. La sospecha es la hermana mala, la bruja de cuento,........
