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Las tres "ES" de la decadencia política

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05.07.2026

Archivo - El presidente del PP, Alberto Núñez Feijo (de espaldas), el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a otros ministros en el Pleno del Congreso. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

Hay enfermedades que no afectan a las personas, sino a las instituciones. No producen fiebre, pero elevan la temperatura del enfrentamiento. No alteran el pulso, pero aceleran el deterioro democrático. No aparecen en los manuales, aunque sus síntomas resultan fácilmente reconocibles por cualquier ciudadano que contemple el rumbo de la política.

Porque la política también enferma. Y suele presentar tres signos clínicos que aparecen con inquietante frecuencia: esoterismo, endogamia y hedonismo.

El primer síntoma es el esoterismo. No entendido como una doctrina mística o una práctica ocultista, sino como una forma de ejercer el poder reservada únicamente para los iniciados. La política deja de expresarse con un lenguaje comprensible para convertirse en una sucesión de consignas, símbolos, palabras de orden y mensajes dirigidos exclusivamente a quienes forman parte del grupo. La realidad deja de explicarse; se revela. Ya no hay ciudadanos libres que deliberan, sino creyentes que aceptan. Quien discrepa no es un adversario político. Es un profano que no ha comprendido la verdad, un traidor, un enemigo o un vendido.

Toda secta necesita iniciados. Toda organización hermética necesita guardianes del dogma. Toda política........

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