El machismo también aprende
Una mujer navega por Google con su teléfono móvil sobre la mesa.
A lo largo de la historia hemos construido buena parte del conocimiento tomando al hombre como medida de lo humano. La investigación, la salud, la política, la educación, el trabajo e incluso el lenguaje se desarrollaron mayoritariamente desde necesidades, comportamientos y valores masculinos que después se universalizaron como si representasen por igual a toda la población.
Las mujeres no siempre fueron excluidas del conocimiento. Sucedió algo más perverso, fueron obligadas a participar en la construcción de un conocimiento al margen de ellas. Cuando no respondían como establecía el patrón masculino, el problema parecía estar en las mujeres y no en el patrón. Sus diferencias podían interpretarse como anomalías, debilidades o incapacidades. Incluso muchas mujeres profesionales e investigadoras reprodujeron esos esquemas porque desenvolverse en determinadas estructuras apenas permitía cuestionarlos.
Mucho se ha avanzado. Pero sería ingenuo considerar superado el problema. La perspectiva de género continúa tratando de corregir desigualdades profundamente arraigadas en la investigación, la atención a la salud, las relaciones laborales, el lenguaje o el ejercicio del poder. Sin embargo, la inercia cultural del machismo sigue siendo enorme. Cambian las leyes, evolucionan los discursos y aumentan los espacios de participación, pero los modelos con los que........
