Pero, ¿qué me dices?
El pleno celebrado en el Ayuntamiento de Elche en marzo. | ÁXEL ÁLVAREZ
La otra mañana, cuando salía de mi casa para ir a trabajar a un par de kilómetros más allá de Narnia, me he encontrado a mi vecina Vicenta, sentada en un escalón del rellano de la escalera, medio espatarrá, con los ojos en blanco, sin resuello y resoplando como si fuera un runner de los de fin de semana. Para ser sincero, he de reconocer que me he llevado un susto de cojones, pues Vicenta tiene ochenta y tres años, ¡ahí no es nada!, y aterrorizado ante la posibilidad de que estuviera sufriendo un ictus, un infarto o un ataque de vaya usted a saber qué, pero seguro que de nada bueno, inmediatamente me he puesto a auxiliarle: le he hecho aire con las manos, le he dado agua de la botella que llevo en la mochila, le he quitado la rebequita que llevaba, de pura lana virgen, oiga, eso es poderío y lo demás tonterías y poco a poco, Vicenta, ¡gracias a Dios!, ha ido recuperando el sentido, la dignidad y el pulso, ¡la Virgen del Amor Hermoso, qué susto más grande! ¡Que por nadie pase!
Cuando pude comprobar que Vicenta se encontraba mejor y que se le había pasado el parraque, le pregunté si sabía que le había ocurrido, aún desconcertada me contestó que esa mañana había oído en la radio que este miércoles se celebra el día mundial sin ascensores y, para celebrarlo, porque ella es muy festera de nacimiento pues no se le había ocurrido otra idea que subir los cinco pisos andando cargada con dos bolsas con la compra del súper. Pero, hija de mi vida, ¿cómo se le ocurre tal cosa y, sobre todo, cómo se le ocurre hacerle caso al tipo que indica lo que hay que celebrar a nivel mundial? Ese tío no está bien o no es de este planeta, le dije, a lo que ella me contestó aquello de: «Yo qué sé, hijo, en la radio han dicho que era muy sano no usar el ascensor y subir andando y casi me cuesta la vida, no te digo más que por el tercer piso he visto pasar por delante de mí la imagen de mi primera comunión y por el cuarto me ha parecido ver a don José Claudio hecho un pincel hablando de no sé qué de un autobús de gusano. ¡Pa morirme que estoy!».
Pasado el susto, recompuesta doña Vicenta y ya situado en el coche rumbo a la Sierra de Mariola, me he puesto a pensar........
