Siete duelos a la vez
Llegando a España. / Javier Albarracín
La última vez que lo oí fue hace unas semanas. De boca de alguien que ni siquiera levantó la voz, como quien enuncia una obviedad: “Estos vienen aquí, no quieren dar un palo al agua y encima se pasan el día bailando y quejándose”. Asintieron dos o tres. Nadie lo discutió. Es de esas frases que circulan sin que nadie las haya comprobado y que, justo por eso, calan.
Yo también la habría firmado hace años, antes de conocer, en muchos sitios, a personas que han venido “de allá”.
El tiempo y la observación me han demostrado que eso que desde fuera parece desgana —dormir de más, no arrancar con nada, esquivar cualquier responsabilidad que no apetezca— casi nunca es lo que parece.
Hay un psiquiatra, Joseba Achotegui, que en 2002 le puso nombre a su forma extrema e incluso escribió un libro: el síndrome de Ulises, el del inmigrante con estrés crónico y múltiple. Y aclara, antes que nada, algo importante: no es una enfermedad mental. Lo compara con una caña que se dobla con el viento pero no se rompe. Es lo que le ocurre a una persona sana sometida a una sobrecarga que de sana no tiene nada.
Achotegui describió siete duelos que el que emigra carga a la vez:
Por la familia y los amigos que quedan al otro lado.
Por la lengua, que ya no se habla en la calle.
Por la cultura, las costumbres, la religión.
Por la tierra —los olores, la luz, el paisaje de........
