Peones al servicio de lo falsificado
Despliegue policial contra la venta ambulante en el paseo del Puerto de Alicante / Áxel Álvarez
Entre las mesas, un hombre africano ofrecía CDs sin insistir, con su típica paciencia y pausado caminar, nunca se sabe si la última negativa se puede convertir en una venta. Uno a uno ofrece casi todo el repertorio.
Pudo mi curiosidad de siempre. Esperé el momento en el que buscaba su rato de descanso y casi lo abordé.
Acabamos hablando de su país, de por qué se marchó y de cómo se termina vendiendo copias en la puerta de un restaurante. Su historia respondía casi a un patrón: llegó por mar y se quedó en situación irregular. De los trabajos que le ofrecían, todos en B, el más atractivo fue vender CDs piratas. «A la gente le gusta la música, y son iguales a los de las tiendas. Con esto puedo vivir sin robar y mandar dinero a mi familia, que para eso he venido». Le contesté que lo entendía, pero que esa música es de alguien que no cobra nada por esos CDs que él vendía. Que quizá sí estaba robando. No me discutió: se encogió de hombros, con la resignación del que sabe que es verdad y no le ve importancia.
Desde aquel día nos saludábamos siempre que coincidíamos, que era a menudo. Hasta que dejamos de vernos un tiempo largo.
Un par de años después lo encontré trabajando en uno de los bares........
