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El niño que fuimos

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04.04.2026

Aquel niño se sentía muy alegre con muy poco, no requería contemplar grandes pinceladas purpúreas en cielos moribundos de lánguidos atardeceres, no requería percibir el aroma titubeante de una melancolía. Por decirlo de otra manera, aquel niño era feliz. Y era una felicidad redonda, una felicidad plena, sin adornos, pues las felicidades plenas se las arreglan muy bien sin adornos. La risa era risa y los motivos de esta risa eran todos hilarantes. La ironía era una cosa compleja, apenas accesible, completamente innecesaria. Se bromeaba de frente, sin rodeos, con bellísima franqueza. La entrañable torpeza de la infancia, los sueños extravagantes, las percepciones confusas y poco realistas, la continua travesura, el descaro espontáneo, la burla........

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