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Inmigración e irresponsabilidad política

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11.03.2026

Seis claves de la regularización de 500.000 inmigrantes: beneficiarios y requisitos del pacto entre Gobierno y Podemos

En un artículo anterior mencionamos al sociólogo Hein de Haas, quien en su libro Los mitos de la inmigración: 22 falsos mantras sobre el tema que más nos divide, dice: «Los políticos han estado impulsando esta narrativa de que la inmigración es una gran amenaza, amplificada por los medios de comunicación (…). Creo que España, donde la inmigración no era un tema tan candente en comparación con otros países europeos, es muy buen ejemplo de cómo se ha polarizado este debate (…). Para los políticos, la inmigración es un tema muy atractivo porque hay mucho descontento entre las clases medias bajas y las clases bajas, los salarios reales no han aumentado, mientras que los precios son cada vez más altos; cada vez es más difícil encontrar una vivienda, hay problemas con la sanidad, la educación (…). Es muy tentador culpar a los inmigrantes de sus propias políticas, son el chivo expiatorio».

En agosto de 2024, tras una visita oficial del presidente Sánchez a Mauritania, Senegal y Gambia, Abascal animó a los españoles a «empezar a defenderse por sí mismos» contra la inmigración, que en su opinión estaba promocionando el Gobierno Sánchez, «de la mano del Partido Popular».

Deseando competir con Vox en esta materia, el presidente del PP se apresuró a acusar a Sánchez de «alentar un efecto llamada» de migrantes. Unos días antes, el 22 de julio, Núñez Feijóo vinculó inmigración y delincuencia al declarar: «Solidaridad sí, pero seguridad también. Para los que llegan, pero también para los que estamos. Los españoles tienen derecho a salir tranquilamente a la calle». Dos meses antes, a comienzos de mayo y durante la campaña de las elecciones catalanas, Feijóo pidió el voto para que los inmigrantes «no ocupen nuestros domicilios».

Casi un 6 3% de los electores del PP apostaban por limitar la entrada de extranjeros en julio de 2024. Sin embargo, el 61 % de los votantes del PP estaban a favor de agilizar la legalización de extranjeros para que puedan trabajar en España. Porcentaje que subió al 86 % en octubre.

A pesar de ello, el PP ha votado en contra de la regularización extraordinaria de medio millón de extranjeros que aprobó el Gobierno en enero de 2026.

Minoría de llegada de inmigrantes irregulares

Los inmigrantes que llegan a España en situación irregular son una minoría. «Lo más importante que hay que tener en cuenta es que la mayoría de los inmigrantes ilegales vienen legalmente, así que ni siquiera un muro fronterizo perfecto puede detener esto. Mi estimación es que nueve de cada 10 africanos que emigran a Europa lo hacen legalmente, pero como vemos todas esas imágenes de barcos tendemos a sobrestimar la contribución del cruce ilegal de fronteras», explica De Haas; quien añade respecto a los traficantes: «Es una idea totalmente errónea la de que los traficantes son la causa de la inmigración ilegal.

El tráfico es consecuencia de los controles fronterizos. Por supuesto que hay contrabandistas que abusan y engañan a los migrantes, pero la mayoría recurre a operadores a pequeña escala, prestadores de servicios, como pescadores y exmigrantes. Y, cuanto más controlemos la frontera, mayor será el mercado para los traficantes. Es un círculo vicioso perfecto desde que España introdujo visados para los norteafricanos en 1991».

A pesar de las impactantes imágenes que ofrecen los noticiarios televisivos y los periódicos sobre la llegada de cayucos y pateras a Canarias y los saltos de valla de inmigrantes desesperados en la frontera de Ceuta y Melilla, lo cierto es que la mayor entrada en España de inmigración irregular se produce en los aeropuertos, especialmente el Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Miles de personas entran en España con una autorización de estancia o de residencia que, transcurrido el tiempo, caducan y no vuelven a sus países de origen.

8M.- Abascal pide "mandar a su país" a los inmigrantes que crean que la mujer debe caminar "varios pasos por detrás" / EUROPA PRESS

Esta inmigración irregular presenta una realidad poliédrica difícil de analizar, por cuanto adolece de datos reales. ¿Cuántos se quedan en España o se van a otros países europeos?, ¿cuántos vuelven voluntariamente?, ¿cuántos son multados?, ¿cuántos son expulsados? Si la devolución no puede materializarse en el plazo de 72 horas, el interesado podrá solicitar de la autoridad judicial el ingreso en un Centro de Internamiento de Extranjeros, donde no podrá estar más de dos meses. Entonces podría ser expulsado, pero de nuevo en un plazo de 72 horas.

En 2024 hubo 363 devoluciones y 2.923 expulsiones (3.286 repatriaciones forzosas en total). Y en 2025 se registraron 3.398 expulsiones ejecutadas por la Policía Nacional, dato que no incluye las devoluciones en frontera.

Regulación distinta rige en el caso de que los inmigrantes sean menores de edad no acompañados, que contempla la repatriación si se reúne una serie de requisitos o la autorización de residencia. En agosto de 2025, eran 15.399 los inmigrantes menores de edad que había en España, procedentes en su mayor parte de África.

Dos son los asuntos a los que la ultraderecha ha tratado de vincular la inmigración para demonizarla: el aumento de la inseguridad ciudadana y el abuso de los servicios sociales en detrimento de la población nativa. Ambos son falsos, pero ciertamente han calado en determinados sectores de la ciudadanía y del electorado. También hay un tercer motivo, igualmente espurio, señalado por los partidos ultraderechistas para satanizar a los inmigrantes, sobre todo musulmanes: la aculturación inversa o el riesgo de que la masiva llegada de migrantes con culturas y religiones distintas acaben por corromper a la española u occidental.

Esta interpretación etnocentrista y xenófoba ha creado un clivaje o escisión electoral en el que prevalece tanto el elemento sociocultural como el socioeconómico (mercado laboral, acceso a la vivienda y a servicios sociales, etc.). No obstante, la presencia cercana y cotidiana de inmigrantes no parece que asegure en sí misma un rechazo hacia ellos. No es donde más concentración de inmigrantes hay donde los partidos ultraderechistas obtienen más votos.

Más bien parece que es el temor a que se produzca ese contacto estrecho y directo, visto como una amenaza, el que despierta mayor apoyo a la ultraderecha, en general, por votantes con escasa cualificación profesional y bajo nivel educativo. Votantes que, además, ya se sentían culturalmente marginados, cuando no despreciados, por sus opiniones contrarias al feminismo, al matrimonio homosexual, a la igualdad de género, al aborto, y a favor de las armas, la caza, los toros y tradiciones folclóricas cuestionadas por el progresismo, dentro de lo que se ha dado en llamar doctrina woke.

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