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Disonancias cognitivas

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22.03.2026

Francisco Soler y Pablo Ruz, en una imagen de hace unas semanas. / Áxel Álvarez

El día de Año Nuevo de 1962 cuatro jovencitos de Liverpool aspirantes a estrellas del rock entraron nerviosos pero ilusionados en los estudios Decca de Londres, dispuestos a bordar una prueba para conseguir un contrato con el potente sello discográfico. Pero la impresión que dejaron no fue muy favorable y finalmente el jefe del departamento de A&R (Artistas y Repertorio), Dick Rowe, y su ayudante, Mike Smith, decidieron fichar a otra banda (esta londinense) llamada The Tremeloes, que también habían probado suerte ese día, aparentemente con mejor resultado. De esta manera, Rowe y Smith pasaron a la lista de infamias de la música popular del siglo XX como los ineptos que dejaron escapar a The Beatles.

Tras la explosión de la beatlemania un año después, y señalado por todos (incluso por familiares y amigos cercanos) como un incompetente, pese a sus numerosos triunfos musicales anteriores, Rowe coincidió en una fiesta con George Harrison. El apesadumbrado directivo le preguntó al joven beatle si conocía algún buen grupo que pudiera fichar para enmendar su garrafal error, y restablecer así su maltrecho estatus en el mundo discográfico. El siempre educado George le contestó cortesmente: «Sí, hay una banda a la que deberías contratar. Se llaman The Rolling Stones». Y ahí comenzó otra leyenda en la historia de la música popular y una evidencia más de que un error a veces es la antesala del éxito.

¿Nos sirve esta anécdota como analogía de lo que pasa en la política municipal de Elche? Probablemente, pero por el momento no alcanzo a vislumbrar todavía para qué. La culpa la tiene la realidad cambiante, que obliga, por ejemplo, al alcalde, Pablo Ruz, a tener residencia permanente en la sala de prensa del Ayuntamiento, además de sus diarias declaraciones videografiadas a pie de obra, pedanía o comercio, para dar cuenta a la ciudadanía de lo mucho que trabajan él y su equipo, y lo desesperada que está la oposición ante tan prodigiosa concatenación de éxitos (virtuales la mayoría, por el momento) del bipartito PP-Vox.

Quizás viniera a cuento el episodio beatle a cuenta de que por segundo año de gestión completa del equipo de gobierno se ha batido un récord en el remanente municipal de tesorería (es decir, dinero presupuestado pero que no se ha gastado al final del ejercicio). En 2024 sobraron en la caja 31 millones, que ya era una plusmarca, pero el año pasado la cifra subió a 32,8, según anunció hace unos días el superconcejal del asunto financiero, Francisco Soler, muy ufano pero a la sazón algo turbado.

Soler es asesor fiscal, consultor y auditor, y sabe qué significa esto. Frente al empeño de Ruz de presentar la cifra como un ahorro y un ejemplo gestión eficaz, el edil sabe en su ser más profundo que más bien es todo lo contrario: cuanto mayor es el remanente, mayor es el incumplimiento de las directrices presupuestarias. Un dinero que irá en su mayor parte a los bancos para aminorar préstamos, con muy escasas opciones de inversión, según establece la ley de estabilidad presupuestaria (y más con la losa del plan de ajuste en vigor).

Aunque según trató de explicar el vicealcalde a tiempo parcial, a partir de la teoría de la contabilidad de triple entrada de Yuji Ijiri, no se trataría de amortizaciones crediticias stricto sensu, sino una liquidación anticipada para que el coeficiente de la parte contratante de la primera parte no compute como tal sino como devengos de los flujos de caja sujetos a los activos intangibles del debe y el haber computados como pasivo no corriente para que tras unas cuantas operaciones el devengo devenga en inversiones. Es decir, pulpo como animal de compañía, clarificó el alcalde, con su prosa sintética.

A la socialista Patricia Maciá, atenta a todo lo que sean números y porcentajes del bipartito conservador, le faltó tiempo para salir a la palestra y poner de manifiesto el imposible birlibirloque presupuestario que pretende perpetrar el equipo gobernante con el remanente del 2025. Una cantidad histórica que, según recalcó la edil señalando con el dedo, no era más que el reflejo de la mala gestión y no un ahorro como intentaba hacer creer el alcalde. Nada nuevo. Cuando gobernaba la izquierda era Ruz el que lanzaba los mismos o peores descalificativos ante remanentes mucho menores del equipo de Carlos González. Pero ya sabemos que la disonancia cognitiva es consustancial a la política desde Aristóteles. Por lo menos.

Bastante disonancia (en este caso sonora) ha habido también en los últimos días relacionada con una parcela del sector E-21, en la zona de expansión de Altabix-Universidad. Todo empezó cuando el portavoz socialista, Héctor Díez, anunció que instaría mediante una moción al gobierno local a que reclamara a la nueva entidad estatal de vivienda, Casa 47 (heredera de los activos de la Sareb, el banco malo que se quedó con los activos tóxicos de la crisis de la construcción), que promoviera en ese suelo viviendas asequibles para alquiler. Adujo Díez que desde la mismísima Sareb les habían informado (probablemente, visto lo visto, algún bedel o empleado de la limpieza) que dicho solar se había traspasado a Casa 47. Aunque en la Sareb no sabían que no lo sabían, como veremos.

A renglón seguido, aparece Pablo Ruz en la sala de prensa del Ayuntamiento, ante una foto de su antecesor, Carlos González, y del anteanteantecesor y secretario socialista, Alejandro Soler, de la época en que este era responsable de la sociedad estatal del suelo (Sepes), y les carga a ambos el muerto, atribuyéndoles haber mentido y no haber promovido lo prometido en esa parcela. En la rueda de prensa Ruz aseguró que al ser una parcela pública la iniciativa debía ser de Casa 47 y que el Ayuntamiento poco podía hacer más allá de otorgar la preceptiva licencia. Pero el alcalde tampoco sabía o hacía como que no lo sabía que la Sareb desconocía su propio desconocimiento, como queda dicho.

En esas que poco después se publica que la ya famosa parcela había sido vendida nada menos que hacía un año a promotores privados de Elche, cosa que no sabían ninguno de los anteriormente citados. «Qu’est-ce que c’est ce merder?», dicen que exclamó (y eso que es de inglés y no de francés) el candidato in pectore socialista a sus allegados. Ipso facto Díez pidió explicación a la Sareb. «Yo no he sido», se exculparon al otro lado de la línea por su propio desconocimiento. «Es que con el traslado de papeles, ¿sabe usted? Y además nuestro antiguo director se ha marchado a trabajar a un banco bueno». Resulta que a nadie del amplio equipo socialista se le ocurrió confirmar la información llamando a Casa 47. «Es que como es un organismo nuevo el número de teléfono todavía no viene en la guía», se excusó un asesor.

Tras reconocer los socialistas la pifia garrafal, les faltó tiempo al alcalde y a su superconcejal para lanzarse en barrena contra Héctor Díez y los suyos, por una metedura de pata cuyos ecos llegaron según Ruz hasta la luna, como podrá seguramente confirmar la próxima misión de la NASA al satélite. Incompetencia, ridículo, maledicencia... le faltaban epítetos peyorativos a la primera autoridad local para calificar el traspié socialista. Ni con el diccionario de sinónimos daba abasto.

¿Y cómo es que el alcalde dio por bueno públicamente unos días antes que la parcela seguía siendo pública? Pues para despistar, según aclaró Soler. Al parecer, lo sabían desde mucho antes de que saliera en la prensa lo que nadie sabía, pero por afectar el asunto a terceros (los nuevos propietarios) y hasta a cuartos, quintos y áticos, no podían decir nada. Ni siquiera el alcalde, que esperaba con deleite poder soltar el zasca a los socialistas en el próximo pleno.

¿Dudas? Permanezcan atentos a los próximos reels del alcalde que aclarará el asunto. Un servidor no puede decir más. Bastante tengo con acordarme a cuento de qué venía la anécdota de los Beatles. Me espera un largo y tortuoso camino... (no tanto como el de los funcionarios municipales para cobrar las horas extras atrasadas, pero casi). Paciencia.

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