Aprendices de nazis
Ceremonia de investidura del primer gobernante de la dictadura argentina, Jorge Rafael Videla el 24 de marzo de 1976 / EFE
Como sin duda sabrá el lector hace unos días se cumplieron 50 años del golpe de Estado en Argentina que sumió a este país dentro del terror, las torturas, los asesinatos y las desapariciones de miles de hombres y mujeres durante casi ocho años. Nunca está de más recordar estos casi ocho años durante los cuales una Junta Militar gobernó el país a fuego y sangre, eliminando a todo aquel que pretendió que en Argentina hubiese una democracia. Como en el caso español, como en la dictadura militar española de Franco, cuyo origen fue también un golpe de Estado, las principales víctimas fueron los estudiantes, los maestros, los músicos y poetas y los sindicalistas. Muy valientes los militares argentinos para masacrar a ciudadanos que lo más peligroso que enarbolaban eran un libro o una guitarra.
Gracias a la ayuda que miles de nazis recibieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial por parte de miembros de la Iglesia Católica y de la Cruz Roja en Europa, así como de autoridades argentinas, miles de, repito, nazis alemanes y colaboradores de los países europeos donde el régimen nazi se implantó, pudieron huir a Argentina y a otros países de Sudamérica por la llamada «ruta de las ratas». Nazis que supieron integrarse en la sociedad argentina y tocar las teclas adecuadas para que sus ideas se expandieran entre las clases acomodadas y los oficiales del ejército: odio a los partidos de izquierda, odio a los sindicalistas, a los intelectuales y a los jóvenes que no se dejaban adoctrinar. A esta influencia nazi hay que sumar el interés de EE UU desde los años 60 por evitar que los países del cono sur se rigiesen por sistemas democráticos, lo que hubiese implicado que las sociedades de cada país hubiesen tomado el control de su economía y, sobre todo, de sus recursos naturales.
Los militares que llegaron al poder mediante un golpe de Estado durante la década de los 60 y 70 en diversos países de América del Sur lo hicieron no sólo con el recuerdo de la Alemania nazi sino, sobre todo, mirándose en el espejo de la dictadura franquista. El régimen de Franco fue un experto organizador de la represión sobre la población civil incluso antes de terminada la guerra civil. La doctrina franquista fue la de sembrar el terror en las poblaciones que fueron invadiendo y conquistando según avanzaba la guerra. Matar y matar. Eso era todo. Esta atroz forma de actuar fue copiada por las dictaduras sudamericanas. La tristemente conocida picana, método de tortura consistente en la aplicación de descargas eléctricas en zonas sensibles del cuerpo, fue algo que hacían los torturadores de la dictadura franquista utilizando baterías eléctricas. Qué valientes todos aquellos militares golpistas.
Al revés que en España los cabecillas de la dictadura militar fueron sometidos a juicio y condenados. Su preparación y celebración implicó a diversos sectores de la sociedad argentina que entendieron la necesidad de mantener viva la dignidad de las víctimas y de tratar de explicar una historia verdadera para que las generaciones argentinas futuras supiesen qué pasó y quienes fueron los culpables.
Concentración en el centro de Madrid con ocasión del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia de Argentina / Borja Sánchez - Trillo / EFE
Digo esto porque desde hace algunos años ha ido creciendo en los países que tuvieron que sufrir una dictadura militar en el siglo XX un argumentario ultra conservador que trata de justificar aquellas dictaduras militares. En el caso de España se editan libros y se llevan a cabo en las redes sociales y en medios de comunicación campañas de desinformación sobre los orígenes de la dictadura franquista para justificar el golpe de Estado de 1936. Algo parecido se está haciendo desde el Gobierno del presidente Milei en Argentina. Lo primero que se afirma es que no fueron 30.000 los desaparecidos como consecuencia de la represión de la Junta Militar. En segundo lugar, se trata de justificar la dictadura argentina argumentando un supuesto caos previo. Incluso he llegado a escuchar para justificar las dictaduras en Argentina o Chile que en realidad no hubo un golpe de Estado, sino una guerra civil entre dos bandos siendo el bando demócrata una caterva de terroristas y los militares golpistas seres de luz que no tuvieron más remedio que tomar el poder por las armas.
La dictadura argentina supuso para España la primera gran llegada de exiliados de Argentina. Y en el miedo de sus caras y el horror de lo vivido los españoles reconocimos nuestra propia historia. Hoy más que nunca sigue siendo imprescindible recordar los años negros de la dictadura. Sólo mediante la memoria y la reparación pueden avanzar las sociedades. Olvidar lo que supuso la dictadura argentina, como pretende el Gobierno de Milei, sería traicionar la memoria de los que dieron sus vidas por la recuperación de la libertad y la democracia. Argentina supo y quiso enjuiciar a la Junta Militar. En España, en cambio, el miedo a otra guerra civil impidió sentar en el banquillo a las principales figuras del régimen y a torturadores como Billy el Niño. No sé si España está capacitada para dar lecciones de democracia.
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