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Ni política ni dogma: historia y debate

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01.09.2026

Niños participando en La Vespra del Misteri este agosto. / Áxel Álvarez

Agradezco a Carlos Javier Sánchez Moreno el tono respetuoso de su artículo y las palabras que dedica a mi trayectoria. Pero ese respeto no impide señalar una discrepancia fundamental: no puede presentarse como una verdad histórica demostrada lo que constituye, precisamente, el objeto del debate.

Mi posición es sencilla: la posible participación de las niñas en el Misteri merece ser estudiada. No he afirmado que deba imponerse ni que exista una decisión tomada de antemano. Preguntar no es imponer, estudiar no es desnaturalizar y debatir no significa ignorar. Conviene también rechazar la pretendida politización de esta cuestión. Preguntarse por la participación de las niñas no pertenece a ningún partido ni responde necesariamente a una estrategia ideológica. Convertir un debate histórico, teatral y patrimonial en una confrontación política solo sirve para intoxicarlo, descalificar a quienes plantean la pregunta y evitar que pueda examinarse con serenidad.

La formación teológica puede ayudar a comprender el contenido religioso del Misteri, pero no convierte por sí sola a nadie en especialista en historia del teatro medieval, dramaturgia, música o prácticas escénicas. La teología estudia el significado doctrinal y espiritual de los dramas sacros, pero no puede determinar por sí misma qué elementos de su representación son esenciales y cuáles responden a las condiciones sociales y culturales de cada época. El carácter sagrado del Misteri no elimina su naturaleza teatral, musical e histórica.

Convertir un debate histórico, teatral y patrimonial en una confrontación política solo sirve para intoxicarlo, descalificar a quienes plantean la pregunta y evitar que pueda examinarse con serenidad

Convertir un debate histórico, teatral y patrimonial en una confrontación política solo sirve para intoxicarlo, descalificar a quienes plantean la pregunta y evitar que pueda examinarse con serenidad

Sánchez Moreno sostiene que la interpretación masculina de los personajes femeninos pertenece a los elementos esenciales de la Festa y no a sus componentes contingentes. Pero esa afirmación, aunque se repita varias veces, no aparece históricamente demostrada. ¿Qué convierte el sexo del intérprete en parte esencial de la obra? ¿Lo exige el texto? ¿Lo determina la música? ¿Lo impone el contenido teológico de la Asunción? ¿Resulta indispensable para la acción dramática? ¿O responde a las circunstancias sociales y eclesiásticas en las que la representación nació y se desarrolló?

Antes de acusar de desnaturalización a quien plantea la pregunta, habría que probar que la masculinidad de todos los intérpretes pertenece realmente a la naturaleza inalterable de la Festa. En este punto es imprescindible acudir a la historia medieval, pero no a una Edad Media convertida en una imagen inmóvil, uniforme y........

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