La izquierda más allá del 'like'
Durante las últimas semanas de verano, una cascada de polémicas en torno a diversos creadores de contenido llevó a muchos a vaticinar la ya conocida como “caída de los influencers”. El diagnóstico era claro: si las redes sociales nacieron con la promesa de democratizar la producción y el acceso a la información, y si la fama y el poder de estos perfiles radicaba en su cercanía con la gente común, ambas premisas se han desmoronado.
Ni la comunicación actual es más democrática —porque está asfixiada por los algoritmos, las dinámicas de polarización y las campañas de desinformación—, ni estos creadores se parecen ya a su audiencia —cada vez más distanciados por una brecha insalvable entre su nivel de vida, sus prioridades y las de sus seguidores—.
Más allá de si este fenómeno supone una caída real o un simple tropiezo, convendría aprovechar esta grieta para abordar una discusión que la izquierda viene tiempo manteniendo, pero en voz baja, reduciéndola a un secreto a voces: el papel que están teniendo los creadores de contenido político en nuestro propio espacio.
Recientemente se publicó en El País un polémico artículo de opinión titulado “Contra las influencers de izquierdas”. Más allá de las formas duras, crudas y directas que caracterizan a Juana Dolores, y que despertaron, con razón, una marejada de reacciones de todo tipo, conviene rescatar de la controversia la idea más fructífera e importante que dejó anotada al final: “no se trata de influenciar sino de organizar”. Esta frase sintetiza bien un dilema estratégico no resuelto sobre cómo debe la izquierda recuperar la iniciativa política y dar la batalla cultural.
A lo largo de los años han existido fundamentalmente dos maneras de enfrentar este debate, ambas defectuosas. Por un lado, están quienes defienden la necesidad de “ocupar todos los espacios”, pero a menudo terminan cayendo en la trampa de imitar las lógicas del........
