No hay mal que por bien no venga (en las plazas africanas)
El célebre refrán español, «no hay mal que por bien no venga», tiene raigambre antigua. Miguel de Cervantes la utiliza en el capítulo XXI de la primera parte de Don Quijote de la Mancha (1605), cuando pone en boca de Sancho Panza, con esa lucidez rural que lo caracteriza, esta afirmación lapidaria: «No hay mal que por bien no venga, ni desgracia que no traiga consigo alguna buena ventura».
El aforismo es humilde y, por irrespetuoso, no suele caber en las grandes ocasiones. Que yo recuerde, solo una vez en las últimas décadas ha resonado públicamente en los trances grandilocuentes que hemos vivido. Fue, nada menos, el general Franco quien sorprendentemente usó el refrán cuando, tras el asesinato del almirante Carrero Blanco a manos de ETA, nombró a Arias Navarro en su lugar presidente del Gobierno de la dictadura. Nadie entendió bien aquella sorprendente laudatio, pero muchos descreídos pensamos que el almirante muerto se había removido en su féretro al escuchar aquella monumental falta de respeto a su sacrificio supremo.
Acabamos de asistir a la pacífica invasión de Ceuta por una tranquila horda juvenil sin que sepamos a ciencia cierta las principales claves del suceso. Es obvio que una tropa de tal magnitud no se prepara sin conocimiento de la jefatura del Estado marroquí, que es una dictadura como nadie ignora. Pero también........
