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La caída de los dioses

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19.06.2026

Los progresistas de algunas generaciones españolas, la mía entre ellas, que hemos asistido de adultos a todo el trayecto recorrido por la democracia española desde su erección a la muerte del dictador, hemos consagrado como referentes indiscutibles a unos pocos líderes laicos que han permanecido largo tiempo por encima del bien y del mal. En España, Felipe González tuvo el mérito fundacional, pero el personaje que cargó de contenido a la nueva izquierda fue Rodríguez Zapatero, un hombre con sensibilidad social bien entrañada que implementó la lucha contra la violencia de género, naturalizó a la comunidad LGTBIQ ¬-- institucionalizó el matrimonio homosexual¬ , promulgó la ley de Dependencia cuarto pilar del Estado de Bienestar--, renovó el Estatuto de Cataluña y de otras comunidades para federalizar España y poner fin a las tensiones centrífugas de antaño, organizó la memoria histórica para clausurar la apología de la dictadura y promover un reencuentro democrático, y, finalmente, acabó con ETA por medios estrictamente policiales sin la menor cesión a la banda armada. Se comprende que estas proezas hayan irritado tanto a la derecha democrática como a la otra y que sus prosélitos se dediquen a la denostación del personaje, hoy en dificultades, como si los españoles no tuviéramos discernimiento ni memoria.

La “investigación” a que se halla sometido Zapatero --figura que indica que el juez ha encontrado en su conducta indicios racionales de criminalidad-- ha puesto en entredicho la integridad moral del personaje, sobre el que es de ley que recaiga todavía la presunción de inocencia, como es obvio. Muchos mantenemos la confianza íntegra en la inocencia del expresidente, pero tardaremos seguramente años en despejar las sombras judiciales que se ciernen sobre él, dada la lentitud patológica de nuestro aparato........

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