Un mundo sin ellos
30 de septiembre 2026 - 03:06
Amí Manué me ponía la cabeza como un bombo. Me esperaba en el descansillo o me sujetaba la puerta de entrada al portal o se quedaba en el ascensor y yo veía la lucecita encendida y ya le estaba temiendo, porque cuando me pillaba ya no me soltaba. Que fíjate el ruido que hace este cierre, que le he apretado aquí y acá pero sigue igual y que el administrador debería llamar a un cerrajero, que no sé este hombre qué hace que no hace nada y que al final le voy a tener que cambiar yo la bombilla del plafón de la escalera que da a mi puerta porque es que no se ve. Mira, mira, sube, ya verás que no se ve. Y yo subía y era verdad que no se veía nada, y le decía: estese usted quieto, Manué, y no se suba a ningún lao........
