Entre los escombros
Para quien tenía poco, el terremoto fue todavía más cruel. Hubo familias que lo perdieron todo: sus seres queridos, la casa, los muebles y enseres comprados durante años y, muchas veces, el pequeño negocio que sostenía el diario vivir: una tienda, un taller, una peluquería, una máquina de coser. Hay gente que vivía con lo justo, al día, y quedó sin nada.
Quizá por eso conmueve tanto lo que vino después. Durante estos días vimos centros de acopio llenos, voluntarios clasificando ayudas y familias llegando con mercados, agua, medicamentos, cobijas o una simple bolsa de mano. Los grandes empresarios hicieron aportes cuantiosos. Fue un primer auxilio, urgente y necesario, y también una señal: una catástrofe de esta magnitud no puede dejarse enteramente en manos del Estado.
Abelardo De la Espriella llevaba apenas unas 60 horas como presidente cuando la........
