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Jóvenes contra viejos

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22.03.2026

22 de marzo 2026 - 03:09

Asaber por qué motivos, conservamos palabras que alguien nos dijo un día. Algunas las recordamos con resentimiento o dolor. Otras, como descubrimientos y hasta grandes principios y certezas de cabecera. Son material de construcción de la memoria de cada uno. Vaya ahí una de mi amigo León Lasa: “Raphael fue el Cliff Richard español”. Qué cósmica conexión entre Linares e Inglaterra; dos mundos disjuntos, apenas rozados por Eurovisión y la génesis del turismo de sol y playa que emprendía el Régimen para “aperturarse” y hacer economía y divisa. Una canción protopop y moña del cantante británico con The Shadows para la película del mismo título, The Young Ones (1962), dice: “Los jóvenes no deben tener miedo”.

Mares de tiempo después, los jóvenes vuelan y estudian mil veces más que sus abuelos y padres, y no tienen miedo. Tampoco tienen gran expectativa de emanciparse y acceder a un hogar, porque no dan para casa propia alguna sus salarios, y eso en caso de ganarlos de manera medianamente estable, normalmente desplazados a las urbes donde hay algún empleo, cuyos precios de la vivienda son prohibitivos. Hay excepciones, claro. Pocas. Queda el recurso a heredar: “Papis, que sepáis que estáis viviendo en mi herencia”. Hay quienes heredan en vida estudios y recortes de hipoteca; gloria bendita de pocos prósperos padres e hijos. Son, eso sí, collejables los progenitores que, patrimonialmente sólidos y con buenas redes relacionales, hacen discurso de meritocracia, triples grados políglotas o falacias bajo paraguas.

Pero el joven medio español no puede pagarse un hogar con su trabajo, y a duras penas en pareja. Así, la tasa de natalidad y fecundidad del país está muy lejos de asegurar ningún relevo generacional endógeno. Ay, de quien se divorcia con chiquillos a su cargo y custodia compartida. En España, la dialéctica ya no es entre ricos y pobres –que lo es–, sino entre jóvenes y mayores. Para pagar las pensiones del nicho electoral de los jubilados, hace falta recaudar impuestos, sea por la vía del consumo (IVA, gasolina, tasas, coches) o de la de las rentas del trabajo (IRPF). Y eso les toca a los que trabajan y cotizan. Los votos radicales van tornándose juveniles, y dicho sea “en plan” por cerrar el círculo vicioso. Pacto Nacional por la Vivienda, ya. No es fácil: sólo es urgente. Pero nuestros partidos principales no pactan, sólo se abroncan.

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