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La educación en la era de la IA

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11 de abril 2026 - 03:07

La inteligencia artificial (IA) ha entrado ya en las aulas y ello genera un enorme desafío, ya que el reto es asegurar que el sistema educativo esté preparando a nuestros jóvenes para pensar en un mundo en el que las máquinas ya ofrecen respuestas, antes incluso de que se formulen bien las preguntas. Ese es el núcleo del reto. La IA ofrece oportunidades extraordinarias para la educación. Permite personalizar itinerarios de aprendizaje, detectar precozmente dificultades, adaptar ritmos y apoyar al profesorado en tareas de bajo valor añadido. Bien utilizada, puede convertirse en una herramienta formidable pero el problema no reside en su presencia, sino en el modo en que se incorpora al proceso educativo.Existe un riesgo creciente de lo que algunos expertos denominan delegación cognitiva: la tendencia a trasladar a la máquina no solo la búsqueda de información, sino la propia tarea de pensar, relacionar, argumentar y construir criterio. Ese es, probablemente, el mayor desafío pedagógico de nuestro tiempo y requiere una potente política pública con criterio.

Educar no consiste en acumular respuestas rápidas. Consiste en formar inteligencia crítica, juicio moral y capacidad de discernimiento. Si la IA sustituye el esfuerzo intelectual, estaremos contribuyendo a generar un alumnado aparentemente más eficiente, pero intelectualmente más dependiente.

La consecuencia puede ser aún más profunda: la aparición de una nueva fractura social. No entre quienes tienen acceso a la tecnología y quienes no, sino entre quienes saben utilizarla como instrumento de ampliación del pensamiento y quienes terminan subordinando su criterio a ella. Esta brecha será educativa, profesional y también democrática. Una nueva desigualdad. Por eso, la respuesta no puede limitarse a introducir herramientas en las aulas. Exige una transformación del modelo pedagógico. El papel de los docentes no disminuye; se vuelve más decisivo que nunca. Su función ya no es solo transmitir contenidos, sino enseñar a evaluar fuentes, detectar sesgos, contrastar resultados y formar pensamiento crítico.

Hay que evitar que la IA se convierta en un atajo que empobrezca la formación. Debe ser, en todo caso, un instrumento para ampliar la capacidad humana de comprender la realidad. Por eso, sería un verdadero fracaso que el alumnado dejase de pensar de manera adecuada y autónoma porque, una sociedad con más tecnología pero con menos criterio, no es una sociedad más avanzada, sino una sociedad más vulnerable.

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