La cara oculta
08 de abril 2026 - 03:07
Hemos esperado miles de años para ver por fin la cara oculta de la luna, y ahora que la hemos visto –gracias al Artemis 2–, lo que más nos ha sorprendido es que la cara desconocida se parece muchísimo a la cara visible que llevábamos siglos observando en las noches de verano, sobre todo después de haber escuchado aquel álbum famoso de Pink Floyd. Bueno, maticemos: la cara oculta ya se había visto e incluso analizado en otras misiones espaciales, pero ahora el sobrevuelo (“flyby”, lo llaman) de la Artemis 2 nos ha permitido contemplarla con una precisión mucho mayor. ¿Y qué hemos descubierto? La respuesta no es muy excitante: en la cara oculta no ha habido sorpresas ni descubrimientos inesperados, al menos para los pobres diablos que nos conformamos con contemplar la luna desde nuestros modestos habitáculos terrestres. Por no haber, en la cara oculta no se escondía aquel hombrecillo jorobado que el niño Walter Benjamin creía ver en la luna cuando era un niño que observaba el cielo desde su cuarto en Berlín. No, nada. En julio de 1969, cuando la primera expedición humana del Apolo 11 llegó a la luna, Elías Canetti anotó esto en sus diarios: “Lo más decepcionante de la Luna: que todo está como se esperaba”. Y eso mismo es lo que nos ha pasado ahora. Sí, la nave Artemis 2 ha llegado más lejos que cualquier otra misión espacial, pero aparte de los descubrimientos científicos –cuestiones de astrofísica y geología planetaria–, los pobres diablos ignorantes no hemos descubierto nada nuevo.
¿O sí? En YouTube hemos podido seguir en directo la vida diaria de los tripulantes, y ahí sí que hemos visto cosas nunca vistas. A mí, por ejemplo, me ha llamado mucho la atención la melena pelirroja de la astronauta Christina Koch flotando en la ingravidez espacial mientras ella manipulaba, cabeza abajo, uno de los infinitos cables que invaden la cabina. También hemos visto a otro astronauta limpiándose los pies con una bayeta. Y hemos sabido –aunque eso no lo hemos visto– que en los primeros días de la misión hubo problemas serios con el inodoro de la nave, que se congeló y tuvo que ser purgado. ¿Y saben qué? Todas estas cosas, que son irremisiblemente humanas y pedestres y terráqueas, son las que nos han sorprendido. Y lo demás, en cambio, nos ha dejado más bien indiferentes. ¿O no, amigos?
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