Plegaria de los añicos
EL CRUJIDO de ramas al pisarlas, el roce de las hojas de papel, el arañazo de una escoba al barrer, los rebotes de una tuerca contra el suelo. Estas frases remiten a sonidos concretos, nada sospechosos de formar parte de una canción. Sin embargo, si se grabasen y se produjeran con toda su potencialidad, nadie podría negar que funcionan como una guitarra o un piano. La cantante María Arnal hace las paces con estos ruidos anodinos en su disco debut en solitario ‘Ama', esta vez sin Marcel Bagés, con quien ya produjo el espléndido álbum ‘Clamor’.
Arnal no se baja del actual coche del misticismo pop y entrega una obra de hondura, pagano en sus deidades y de coral polifónica por su sonido. En este trabajo, lo espiritual se entrelaza con la cotidianeidad de un corazón roto y la búsqueda de respuestas metafísicas, casi como un método de vida más que como pesquisa real. Dios se repliega sobre cada rincón de su creación y es el pájaro trinando, las flores que le salen al paso o el cuerpo de un ser amado reposando en el cielo. Así, el diálogo puede mantenerse con el Universo al completo, aunque sus respuestas floten en silencio.
El mundo........
