Donde habiten las hadas
Violaine Bérot se pregunta en la novela 'Como bestias' donde viven realmente las hadas. Aunque ella ofrece una respuesta, creo que, si estas existiesen, podrían habitar perfectamente un lugar como la casa de campo en la que he pasado todos los veranos de mi infancia. Si así fuese, me habrían visto aprender a andar en bicicleta, salir a dar paseos familiares interminables por la montaña y bailar en mis primeras romerías. También verían a diario un bodegón en el que predomina el color rojo del tomate fresco y entrenarían su olfato con el olor de lo recién cortado: el tomate, la hierba o las flores. Las hadas habitan una cálida noche de agosto.
Como todos los años, este verano he pasado unos días en esa casa familiar. Estas vacaciones he tomado la decisión de no alejarme mucho de mi residencia habitual, al menos en lo que a distancia física se refiere. De momento ha sido todo un acierto. Si perteneciese a ese gremio de personas que hablan del norte como una entidad abstracta —aunque bien delimitada, porque para ellos norte sólo es lo que puede ser explotado para su disfrute— ya habría compartido, pese a este tórrido verano, más de una foto del termómetro por debajo de los veinte grados y de una noche vestido con sudadera y vaqueros largos. No les juzgo, yo también lo haría si solo lo viviese unas semanas al año, aunque el emoticono de corazón y la frasecita "un verano en el norte" aburre hasta a las ostras que aparecen en las 'stories' que publican.
Si algo comparto con ellos es el fanatismo. Nunca dejaré de sorprenderme de las........
