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La paciencia

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29.03.2026

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Reconozcamos que la paciencia no es precisamente una de nuestras virtudes más acrisoladas. Tampoco lo son en los tiempos que corren aquellas otras virtudes emparentadas ... entre sí y llamadas cardinales, a saber: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, las cuales en teoría debieran cimentar la ética, controlar la razón y refrenar las pasiones. Podríamos decir, sin miedo a incurrir en la exageración, que la paciencia es un bien escaso en nuestros días, cuando todo ha de ser veloz, rápido, acelerado, expeditivo. Nada que ver con la pasividad, erróneamente asociada a la paciencia. Ya Cicerón y los tomistas dedicaron sesudas reflexiones a este modo de abordar las diferentes vicisitudes, frustraciones y adversidades que la vida pone por delante en el tránsito por este valle de lágrimas. A san Alberto Magno se le atribuye la sentencia de que la paciencia es la guardiana de las demás virtudes. Pero requiere práctica y caridad infinita esa beatífica comprensión. Y salta a la vista que no estamos en épocas propicias para cultivar menesteres escasamente productivos sin perder el ánimo. Todo sea por la pasta.

Paciencia, pues, para soportar los latigazos de la crisis. De todas las crisis, porque ya hemos perdido la cuenta de las que llevamos a base de tesón y constancia. Y de templanza, cómo no. Y entre col y col, votación. Porque un año sin votaciones es como un jardín sin flores. En los últimos meses hemos tenido tres veces despliegue de urnas –con mucho abstemio, por cierto-- y se anuncia convocatoria en Andalucía para mediados de mayo, cuando ya no haya ni Semana Santa, ni Feria de Abril, ni visita papal, ni Rocío con virgen volandera la madrugada del lunes de Pentecostés. Tampoco han faltado crisis económicas. La más reciente es la de la guerra de Irán con sus restricciones petrolíferas por mor de un quítame allá esas cabezas nucleares. Ojo por ojo, dicen en Israel. Pero para ojo el de Trump, autoproclamado Premio Nobel en diferido, que iba a terminar con no sé cuántas guerras y empieza una a cada tumbo que da.

Ejemplo de paciencia es la que han tenido los cubanos desde que, hace mucho tiempo, cuando apareció el mesías del comunismo en versión barbuda y uniforme verde oliva con su cortejo de hambrunas y miseria. Y, si Trump no lo remedia, les tocará seguir esperando. Podría decirse que para los cubanos paciencia es, según un dicho popular, «arar con burros flacos en tierra recia». Hasta que un buen día aparezcan los cachorros de Delta Force y se lleven a Guantánamo –tan cerca y tan lejos-- a un centenar de mangantes, herederos y beneficiarios del castrato, junto con algún que otro visitante español aprendiz de dictadorzuelo con ínfulas de asaltador de cielos puño en alto. Entonces, la paciencia de los pobres cubanos, al fin libres, se verá recompensada.

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